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Cardenal Gil Álvarez de Albornoz. Convento San Pablo Toledo, Cuchillo de Nerón, Desamortización de Mendizábal, Espada de San Pablo, Francisco Franco, Francisco J. Rodríguez, Guerra Civil Española, Meseo del Ejército de Toledo, Santa María de la Sisla Toledo, Urbano V
La spada di San Paolo. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui
Erróneamente llamada la “Espada de San Pablo”, no sería una espada que perteneciera a San Pablo, sino la utilizada para su martirio por decapitación en tiempos de Nerón. También se la conoce como “Cuchillo de Nerón”. La espada tenía una longitud de 85 cm, pesaba más de 3 kilos y en un lado llevaba grabada la frase “Neronis Cesaris mucro” y en el otro “Quo Paulus truncatus capite fuit”.
La espada fue un regalo del papa Urbano V (1362-1370) al cardenal Gil Álvarez de Albornoz (1340-1367), arzobispo de Toledo y posteriormente legado papal, quien la llevó a su ciudad. El obsequio habría sido un reconocimiento del papa por los servicios prestados a la Santa Sede. De hecho, Gil de Albornoz fue uno de los principales artífices del regreso de la sede papal a Roma tras el período de Aviñón. No sabemos cómo llegó la espada a manos del papado ni cuáles fueron sus peripecias.
La espada fue donada inicialmente a la catedral de Toledo y después se entregó en custodia al convento de los jerónimos de Santa María de la Sisla, en Toledo, donde permaneció durante unos cuatro siglos y se convirtió en una de las reliquias más prestigiosas de la ciudad. En el siglo XIX, a causa de la Desamortización de Mendizábal1, este convento fue confiscado y la espada fue trasladada al convento de las monjas jerónimas de San Pablo, también en Toledo. Allí continuó siendo objeto de veneración, sobre todo el 25 de febrero de cada año, fiesta de San Matías, cuando se celebraba un acto especial y se permitía a los fieles besarla. En este convento fue vista por última vez durante la Guerra Civil (1936-1939)2. Después desapareció.
Cuando las tropas republicanas llegaron a Toledo, ocuparon todos los conventos para utilizarlos como cuarteles y arrestaron a las monjas. Antes de que los soldados llegaran al convento de San Pablo, el guardián del convento supuestamente arrojó la espada al pozo del patio para evitar que fuera confiscada. Al menos ese es el relato de una monja anciana, y esa quedó como la versión oficial. El guardián del convento fue fusilado pocos días después, llevándose así su secreto a la tumba, ya que nunca reveló a nadie dónde había escondido la espada.
Pero la espada volvió a acaparar la atención en 1950, cuando Franco decidió intentar recuperarla porque tenía la intención de ofrecérsela al papa Pío XII con motivo del Año Santo. Franco conocía muy bien la espada desde 1907, cuando tenía 14 años y estudiaba en la Academia de Infantería de Toledo. Solía visitar el convento para venerarla, ya que ejercía sobre él una gran fascinación.
Un día de 1950, un periódico de la época publicó una noticia con el siguiente titular: «Se busca el cuchillo con el que fue degollado San Pablo», solicitando así la colaboración de los ciudadanos por si el valioso objeto hubiera acabado en la casa de alguien que desconociera su valor. Todo esto después de haber ordenado una minuciosa búsqueda en el convento de San Pablo, incluido el pozo, que resultó infructuosa.
Todos sabían cuánto apreciaba Franco las reliquias religiosas. Basta pensar en la Mano de Santa Teresa, de la que nunca se separaba. No se sabe si para asegurarse una protección especial o por pura devoción. Era una manía compartida por otros dictadores de la época, como por ejemplo Hitler, quien lo primero que hizo al llegar al poder fue apoderarse de la Santa Lanza de Longinos, a la que se atribuía la fama de hacer invencible a quien la poseyera.
Volviendo a nuestra espada, desde la última búsqueda pasaron unos 17 años. En 1967, en los archivos del Museo de Santa Cruz se encontró un pergamino del siglo XVIII que reproducía el arma con todas sus características. Este hecho fue calificado por la prensa de la época como «un descubrimiento providencial». También en esta ocasión se difundió ampliamente la noticia a través de la prensa para saber si alguien podía aportar alguna información sobre el posible destino de la espada. Pero fue en vano.
Entonces se decidió hacer dos copias, ya que era posible realizarlas tomando como base el minucioso dibujo y los datos aportados por el pergamino. Una fue entregada a Francisco Franco y la otra al cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Antes de que la espada fuera entregada a Franco, fue mostrada a las monjas del convento de San Pablo, quienes, al ver la perfección de la copia, creyeron que se trataba de la auténtica. Al menos, esa fue la versión oficial.
Sin embargo, lo curioso es que también estas dos copias desaparecieron. Y existen muchas hipótesis en torno a este enigma. Francisco J. Rodríguez, autor del libro “El enigma de la espada de San Pablo”, plantea que todo podría haber sido una puesta en escena: que en realidad la espada fue encontrada y que estaba en posesión del dictador. El autor del libro habló con la anciana superiora del convento, quien dio una versión de los hechos distinta a la oficial. Esta monja, de 86 años, afirmó que escuchó a dos de sus hermanas cuando los soldados republicanos entraban en el convento. Mientras arrestaban a las monjas, uno de los soldados llevaba la espada en la mano y, cuando una de las hermanas dijo que se trataba de una reliquia, el soldado respondió que la tiraría.
Además, ya en 1950 se conocía la existencia del famoso pergamino, por lo que no fue un “descubrimiento providencial” en 1967. ¿Por qué? El régimen quiso hacer creer que gracias a ese hallazgo se podía hacer una copia que sería donada al jefe del Estado por su 75º cumpleaños. Pero, ¿era realmente una copia?
Existe otra copia de la espada (¿una tercera?) en el Museo del Ejército de Toledo, la única conocida por el momento, que podría ser el “boceto” o la “prueba” de las otras dos, aunque el autor del libro no está de acuerdo con esta hipótesis. De hecho, en 2016 contactó con la persona que realizó la copia de la espada en 1967. Este afirmó que solo hizo una, y que esa es la que se encuentra actualmente en el Museo del Ejército.
En cualquier caso, hasta 2017 era la única copia existente. Del “original” y de las dos copias oficiales sigue sin haber noticias. “Original” entre comillas, porque esta espada es (o era) en realidad un bracamarte, un arma utilizada a partir del siglo XI, probablemente inspirada en una cimitarra árabe, muy lejos por tanto de la época de Nerón.
Desde 2017, una nueva copia de la espada se expone en el convento de San Pablo de Toledo, realizada por el gran artesano espadero toledano Antonio Arellano. Así, de algún modo, la espada ha vuelto a casa.
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1.- Un conjunto de leyes conocido más popularmente como la Desamortización de Mendizábal (1835-1837), que decretaban, además de la supresión de algunas órdenes monásticas y militares, la expropiación de las propiedades de la Iglesia (denominadas de “manos muertas” por su improductividad) y su venta en subasta pública. Eran propiedades que habían llegado a manos de la Iglesia mediante donaciones, herencias y ab intestato (sucesiones de personas fallecidas sin herederos).
2.- La Guerra Civil (1936-1939) entre el Gobierno republicano y las fuerzas nacionalistas, originada como consecuencia del golpe de Estado militar encabezado por Francisco Franco.
Para saber más:
F. J. Rodríguez. El enigma de la espada de San Pablo. Córdoba 2018
Para saber más sobre la vida, muerte y reliquias de San Pablo, aconsejo la lectura del artículo: “Tras las huellas de los apóstoles: las reliquias de San Pablo”







Qué interesante. No conocía esta historia, y eso que he visitado varias veces Toledo.
Gracias por compartirla.
Un cordial saludo
Gracias a ti. Me alegro oírte de nuevo.