Tag

, , , , , , , , , , , , ,

Dove sono i veri chiodi di Cristo?                                                             Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

Santa Elena con la cruz y los clavos. Escuela castellana, siglo XV

La versión oficial sostiene que los clavos utilizados para traspasar los carpos y los pies de Cristo fueron tres, aunque muchos autores en el pasado han sostenido que fueron cuatro, como también puede comprobarse en buena parte de la iconografía.

Hueso del calcáneo de la persona crucificada hallada en Giv’at ha-Mivtar con dentro un clavo

Reconstrucción de cómo fueron clavados los pies del hombre crucificado de Giv-at ha-Mivtar

Gracias a un importante hallazgo que se produjo en 1968, sabemos con exactitud cómo eran los clavos que se empleaban para las crucifixiones. Al norte de Jerusalén, en Giv’at ha-Mitvar, en un antiguo sepulcro fue hallado, junto con otros restos, un clavo dentro de un hueso de un calcáneo derecho, perteneciente a un hombre llamado Yehohanan ben Ha’Galqol, de unos 25 años, crucificado entre el 6 y el 65 d.C. El tipo de estructura sepulcral en la que fue hallado se utilizaba en época precristiana y hasta el 70 d.C.. El clavo tiene la punta rota, una longitud de 11,5 cms, que puede reportarse a un total de 16 cms, y una sección cuadrada con un diámetro máximo de 0,9 cms. La pieza permite deducir que los pies estaban sujetos a la cruz, y más precisamente los tobillos (y no los tarsos) con la ayuda de un trocito de madera interpuesto para mantenerlos firmes. El clavo entró por el lado derecho del tobillo y fue fijado en el lateral del palo de la cruz. Por lo tanto, según los últimos estudios, los pies habrían sido clavados por separado a ambos lados del palo obligando al condenado a estar con las piernas abiertas, modificando así las

Hipótesis de cómo fue crucificado el hombre hallado en el sepolcro de Giv-at ha-Mitvar

primeras conclusiones, formuladas después del hallazgo, que indicaban que los tobillos habían sido clavados juntos, porque el clavo no tiene la suficiente longitud. En el clavo se han encontrado algunos fragmentos de madera, por lo que podemos saber que la cruz de esta persona era de madera de olivo. Sin embargo, entre la cabeza del clavo y el hueso también fueron hallados restos de madera de acacia, que es lo que ha permitido formular la hipótesis del trocito de madera interpuesto. El resto de los huesos nos indican también que los brazos de esta personas no fueron clavados.

Los clavos de la crucifixión de Cristo se encuentran entre las reliquias más deseadas y están consideradas más preciosas. La tradición afirma, una vez más, que fueran hallados por la emperatriz Elena, junto con la cruz, y que los llevó consigo junto con otras reliquias y a una parte de la tierra del Calvario. Siempre según esta tradición, en la travesía de regreso de Jerusalén a Roma, gracias a uno de los clavos que fue sumergido (o lanzado) en las aguas turbulentas, la emperatriz pudo placar la gran tempestad. Una vez en Roma, uno o parte de éstos fue mandado engarzar en el bocado del caballo de Constantino (según descrito en mi artículo sobre este tema) y en el yelmo. Constantino presumiblemente los volvió a llevar, o lo que quedaría de ellos (tal vez uno o dos) consigo a Constantinopla. Según otra tradición uno o parte de estos clavos fue mandado incorporar en la corona imperial. Uno, probablemente se quedó en Roma.

De un exhaustivo inventario de santos clavos venerados en el mundo realizado por Fleury, resulta que existen 33 clavos considerados auténticos, distribuidos en 29 ciudades. Pero hay más, incluidos algunos fragmentos. En Roma había dos, y el total

Santo Clavo de Santa Cruz en Jerusalén

de clavos presente en Italia habría sido de 16. Algunos podrían ser los utilizados para el ensamblaje de la cruz y otros para fijar el titulus crucis, aunque poco probable. Sin embargo existe un discreto número de ‘copias auténticas’ que se hacían utilizando un poco de limadura de los que se consideraban originales, siendo así asimilados a los auténticos. Incluso esta ‘asimilación’ podría hacerse cogiendo otros clavos y poniéndolos en contacto con uno considerado auténtico.

En la basílica de Santa Cruz en Jerusalén de Roma, en la capilla de las reliquias, desde tiempos muy antiguos se venera un santo clavo que siempre se ha considerado como uno de los que trajo la emperatriz Elena, y por lo tanto auténtico. Por este motivo se hicieron numerosas copias, como demuestran las evidentes señales de rascado para obtener partículas del mismo. El tamaño de este clavo parece ser adecuado para soportar el peso de una persona. Actualmente tiene una longitud de 11,5 cms y un diámetro, en el punto más ancho, de 0,9, siendo la sección cuadrada. Falta la punta, por lo que debía tener unos 16 cms de longitud. La cabeza no es la original pues de rehizo posteriormente. Pero presenta las mismas características, tanto morfológicas como de tamaño, del que se descubrió en Giv’at ha-Mitvar.

Santo clavo de Santa Cruz en Jerusalén

Basílica de Santa Cruz en Jerusalén

La basílica de Santa Cruz en Jerusalén era anteriormente el palacio de Elena. A su vuelta de Jerusalén Elena colocó en uno de los salones de su palacio las santas reliquias, convirtiéndolo en una capilla privada en la que se esparció la tierra del Calvario. El palacio, a la muerte de Elena, fue donado por Constantino a la Iglesia que lo transformó en basílica. En el 327 se consagró la basílica que ahora conocemos con el nombre de Santa Cruz en Jerusalén, llamada anteriormente Hierusalem romana, o Eleniana, o Sessoriana, por el nombre original del palacio, Sessorium, que a su vez se erigía al lado de las Termas Elenianas, del Circo Variano y del Anfiteatro Castrense, cuyas ruinas aun pueden visitarse.

Sagrado Clavo de Santa Maria della Scala, Siena

No está claro el origen de todos los demás clavos en circulación, excepto el Sagrado Clavo de Siena venerado en el hospital de Santa Maria della Scala, porque procede de Constantinopla, y por este motivo se cree que puede ser uno de los que presumiblemente fueron hallados por la emperatriz Elena y vuelto a llevar a Constantinopla. El clavo permaneció en el tesoro de la casa real bizantina hasta 1354, cuando el mercader veneciano Pietro di Giunta Torrigiani, lo compró junto con otras reliquias. El papa Inocencio VI mostró gran interés por la reliquia, pero fue disuadido por el rector del hospital de Santa Maria della Scala de Siena, Andrea di Grazia, que quería transformar Siena en un lugar de peregrinación, aprovechando que era una ciudad de paso para ir a Roma. Pero para ello era necesaria una reliquia importante. Hizo pues, a su vez, una oferta muy generosa. Pero como la venta de reliquia estaba prohibida, el trato se concluyó con un certificado de ‘donación’ al hospital.

Santa Maria della Scala era uno de los hospitales más antiguos de Europa y se convirtió en uno de los más famosos. Las múltiples donaciones que recibía de los ciudadanos ricos hicieron que llegara a ser uno de los edificios más importantes de la ciudad.

Hospital de Santa Maria della Scala, Siena

Con numerosas obras de arte, se convirtió, al mismo tiempo, en uno de los mayores propietarios de tierras de la ciudad. Además de hospital, fue orfanato, centro de asistencia, museo y banco. La gran cantidad de donaciones que recibía bastaba no solo para distribuir limosnas, sino también para prestar dinero. Cuando en el siglo XIV el Sagrado Clavo fue trasladado a Siena la ciudad se convirtió también en un importante centro de peregrinaciones. Para custodiarlo, junto con otras reliquias, se construyó una nueva capilla, la Capilla del Manto, dedicada a la Virgen del Manto. Sucesivamente disfrutò de una capilla en exclusiva, la Capilla del Sagrado Clavo, y en el siglo XVI se fundó la Cofradía del Sagrado Clavo. El hospital se cerró definitivamente en 1995 y en su lugar hoy hay un museo.

Este clavo tiene características similares al de Roma, pero es bastante fino (¿por haber sacado muchas esquirlas?). Tiene una longitud de 15 cms., no tiene cabeza y la punta está partida.

Estos dos clavos son los únicos candidatos a ser considerados originales. Luego están los ‘Sagrados bocados’, de Milán y Carpentras (descritos en mi artículo antes citado) pero están fundidos, por lo que la comparación es imposible. Muchos más están expuestos en diferentes partes de Europa, pero por un motivo u otro no son asimilables al clavo encontrado en Giv’at ha-Mitvar. Veamos algunos:

Clavo de Bemberg

El Santo Clavo de la Catedral de Notre Dame de París: 9 cms, es demasiado pequeño; el Santo Clavo de Colle Val d’Elsa (Siena), de 22 cms, que dicen sirvió para clavar el titulus crucis; el Santo Clavo de Tréveris: 15 cms, fechado en el siglo X; el de Viena, de 18,8 cms x 2 de ancho. Otros clavos considerados importantes están en el tesoro de la catedral de Colonia, en la catedral de Essen en el castillo de Wawel (Polonia) o en la catedral de Bamberg y de Tréveris (Alemania) , o en Venecia, donde hay tres, etc.

En lo referente a la Corona de Hierro, un examen llevado a cabo bastante recientemente ha determinado que el anillo en el interior que se creía estaba hecho con un clavo de Cristo fundido, no es de hierro sino de plata y tiene la función de mantener juntas las 6 placas doradas de la corona. Sigue custodiada en la catedral de Monza (Italia).

——

Para saber más:

1) C. R. de Fleury. Mémoires sur les instruments de la passion de N.-S J.-C. Paris 1870;

2) M. Hesemann. Testimoni del Golgota. Cinisello Balsamo 2003;

3) Biblical Archaeology: http://biblicalarchaeologygraves.blogspot.com.es/2014/12/bonus-83-givat-hamivtar-heel-bone.html