Tag
Antonio Pezzulla, Bahía de los Turcos, Capilla de los Mártires, Colina de la Minerva, Francesca Levote, Gedik Ahmet Pachá, Mártires de Ótranto, monje Pantaleone, Primaldo, Santa María de los Mártires
I martiri di Otranto. Puoi leggere quest’articolo in italiano clicccando qui
Se trata de 813 habitantes de Ótranto (en la actual Apulia, ser de Italia) masacrados el 14 de agosto de 1480 por las tropas turcas con la intención de expandir su dominio en la península itálica y en el Mediterráneo.
El 28 de julio de 1480, alrededor de 18.000 soldados pertenecientes al Imperio otomano de Mehmed II, a bordo de unas ciento cincuenta embarcaciones, desembarcaron en el Salento para conquistar la ciudad de Ótranto, tras haber partido de Valona, en Albania. Apoyados inicialmente por el rey Ferrante de Nápoles, los habitantes de tranto intentaron detener a los invasores en los lagos Alimini, la zona donde desembarcaron y que posteriormente fue conocida como la «Bahía de los Turcos», situada a unos 6 km al norte de Ótranto.La pequeña ciudad no pudo resistir los ataques de los turcos y todos los ciudadanos se retiraron a la ciudadela. Durante el asedio, los habitantes de tranto pidieron en vano ayuda al rey Ferrante y al arzobispo Arenis. Gedik Ahmed Pachá, que estaba al mando de la expedición, pidió la rendición de la ciudad, pero los habitantes de tranto se negaron. Tras los primeros ataques se envió un segundo mensajero, que ni siquiera logró acercarse a tranto porque fue atravesado por una flecha en las puertas de la ciudad. Por ello se reanudaron los ataques, que duraron 15 días hasta que la ciudadela fue conquistada. A continuación se produjo una masacre: los hombres mayores de quince años fueron asesinados, mientras que las mujeres y los niños fueron reducidos a la esclavitud.
Aunque no pudo evitar el asedio de tranto, la flota cristiana se estaba reorganizando para hacer frente a la invasión turca. Pero un acontecimiento inesperado vino en ayuda de los cristianos: la muerte del sultán Mehmed II, ocurrida el 4 de mayo de 1481, que desencadenó las hostilidades entre sus dos hijos, Bayaceto y Djem, provocando una crisis en el Imperio turco. Por ello, Ahmet fue llamado de regreso a su patria. El 10 de septiembre de 1481, los turcos devolvieron una ciudad reducida a un montón de ruinas.
Según la tradición católica, hubo algunos supervivientes que se refugiaron en la catedral de Santa María Annunziata, guiados por Antonio Pezzulla, un anciano sastre llamado Primaldo, junto con el arzobispo Stefano Pendinelli. Gedik Ahmed Pachá les pidió que renegaran de su fe y se convirtieran al islam. Ellos se negaron rotundamente, por lo que fueron llevados a la colina de Minerva, llamada desde entonces la «colina de los Mártires», y decapitados. El arzobispo fue despedazado. Eran 813. El primero en ser decapitado fue Antonio Primaldo y la tradición cuenta que su cuerpo permaneció de pie, sin cabeza, hasta que todos fueron decapitados. Más de un año después, el 13 de octubre de 1481, estos cuerpos fueron hallados incorruptos y trasladados a la catedral de Otranto, donde todavía se conservan sus restos, salvo una parte que posteriormente fue enviada a Nápoles y a otras ciudades, sobre todo de Apulia.
El proceso de canonización de estos mártires fue extremadamente largo: comenzó en 1539 y terminó en 2013, pasando por varias etapas intermedias. En 1771 fueron declarados beatos por el papa Clemente XIV, autorizándose así su culto; el proceso fue reabierto en 2007 por Benedicto XVI, quien en 2012 atribuyó el milagro de la curación de la monja Francesca Levote a la intercesión de los mártires de Otranto. Un milagro es la condición necesaria para la canonización. Finalmente, el 12 de mayo de 2013 fueron declarados santos por el papa Francisco.
La monja en cuestión padecía cáncer y estuvo hospitalizada en Génova entre 1979 y 1982. Con ocasión de una peregrinación de una urna que contenía reliquias de aquellos mártires y que pasó en 1980 por el monasterio de las Clarisas de Spoleto, sus hermanas religiosas colocaron dicha urna sobre su cama invocando la intercesión de los mártires para la curación de sor Francesca. Sor Francesca murió en 2011 por causas ajenas a aquella enfermedad.
Una de las razones por las que el proceso de canonización fue tan largo está relacionada con los testimonios recogidos en 1539 por el arzobispo Pietro Antonio de Capua durante el primer proceso, ya que, al parecer, los supervivientes de la masacre no aportaron pruebas documentales concluyentes sobre el martirio por la fe. Esto bloqueó desde el principio la causa de beatificación, que fue reabierta en el siglo XVIII reconstruyendo los hechos a partir de fuentes no demasiado claras.
Precisamente por ello, para muchos estudiosos el motivo de la masacre de Otranto no fue únicamente religioso. También puede asociarse a la combinación de varios factores: entre ellos, el castigo contra quienes se negaron a rendirse, la venganza por la muerte del embajador turco durante los enfrentamientos y, no menos importantes, las motivaciones militares, es decir, la intención de sembrar el pánico para debilitar la resistencia del ejército local.
Desde 1711, los huesos de la mayoría de ellos se conservan en la catedral, en el ábside de la nave derecha, dentro de siete grandes armarios. En pequeños armarios laterales se guardan restos de carne intactos, sin ningún tratamiento, después de más de cinco siglos. En la catedral también se conserva el tronco utilizado para las decapitaciones. Los mártires de tranto se convirtieron en los protectores de la ciudad. En la colina de Minerva se construyó una iglesia en el lugar del martirio. En ella, una lápida resume los hechos ocurridos. Además, desde 1980 otra lápida, colocada en el paseo marítimo de la ciudad con ocasión de la visita del papa Juan Pablo II, los recuerda en el quingentésimo aniversario del martirio.
Junto a las murallas de la ciudad se alza el Monumento a los Mártires de Ótranto, inaugurado en 1924 por el príncipe heredero Humberto de Saboya. El monumento recuerda la feroz resistencia de Otranto y de sus ciudadanos frente al asedio turco de 1480.
Sin duda, la catedral de Ótranto merece una visita, y no solo por el recuerdo de los mártires, sino también por su belleza, especialmente por el espectacular mosaico de su pavimento, de nada menos que 52 metros de longitud. Realizado por el monje basiliano Pantaleone, que vivió en el siglo XII, es uno de los más grandes del mundo. Su estructura iconográfica tiene como tema central el árbol de la vida, aquel que Dios plantó en el Jardín del Edén, a lo largo del cual aparecen, además de diversos temas bíblicos, representaciones de animales reales y mitológicos, personajes de la mitología griega y del ciclo artúrico. Incluso puede verse una representación de Alejandro Magno volando por el cielo llevado por dos grifos.








Pingback: I martiri di Otranto | Reliquiosamente
Ciao, cosa significa in italiano l’espressione spagnola “de tranto” è una riduzione di “di Otranto?” cioè non è un avverbio? Può significare “Nel frattempo” ?
Cordiali saluti
Nicola