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Carlos IV, Cementerio de Santa Giustina, Iglesia de San Lucas Cremona, Juliano el Apóstata, reliquias, San Lucas Evangelista, Santa Giustina de Padua, Vito Terribile Viel Martin
Le reliquie di San Luca. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui
Luca, probablemente la abreviatura de Lucano, era pagano y era médico. En la época de la predicación y muerte de Jesús él estaba lejos de Palestina. De hecho, Lucas era de Antioquía, capital de la provincia romana de Siria, la actual Antakya, en el sudeste de Turquía. Se convirtió al cristianismo hacia el año 40, gracias a la predicación de los primeros cristianos en esa ciudad. Por los Hechos de los Apóstoles, atribuidos a él mismo, y por las cartas de San Pablo, además de, como siempre, la tradición, tenemos mucha información sobre su vida junto a Pablo.
Lucas es considerado una persona de gran cultura, como consecuencia de haber recibido una sólida formación greco-helenista, acorde con el elevado estatus social correspondiente a su profesión. También cultivaba el arte y la literatura. Parece probable que conociera personalmente a la Virgen María, porque el Evangelio de Lucas es el único de los tres que da muchos detalles de la infancia y adolescencia de Jesús, que nos habla de la Virgen antes del nacimiento de Cristo, de la Anunciación, la visita a Isabel y el nacimiento de Juan el Bautista. San Lucas habría obtenido esta información directamente de María, único testigo todavía vivo. Siempre según la tradición, hizo varios retratos de ella, ya que la pintura era una de sus actividades preferidas. Sin embargo, no existen pruebas que demuestren esta habilidad suya. Son numerosos los retratos de la Virgen atribuidos a San Lucas presentes en varios lugares del mundo cristiano. Incluso muchos le atribuyen la primera imagen existente de la Virgen (siglos I–II), que puede verse en Roma, en las catacumbas de Santa Priscila. Todo esto ha hecho que sea considerado el iniciador de la iconografía cristiana. Esta tradición surge en el contexto de la controversia iconoclasta (726–843), y de la búsqueda de tradiciones que demostraran un origen apostólico del uso de las efigies sagradas, precisamente para contrarrestar la iconoclastia.

Sin embargo, sabemos muy poco de él después de la muerte de Pablo. Algunas fuentes indican que Lucas habría evangelizado Dalmacia, la Galia, Macedonia y Acaya. Luego Beocia, una antigua región de Grecia cerca de Corinto, sede de varios reinos importantes, como el de Tebas, ciudad donde habría muerto a los ochenta y cuatro años, célibe y sin haber tenido hijos. San Gregorio Nacianceno sostiene, en cambio, que fue martirizado en Patras junto con el apóstol Andrés.
En el 357 sus huesos fueron trasladados a Constantinopla, a la basílica de los Santos Apóstoles, bajo el emperador Constancio, junto con los de San Andrés. Años después, la iglesia fue destruida por un incendio que, sin embargo, no dañó los féretros con los cuerpos, que se encontraban bajo el pavimento de la iglesia, la cual fue reconstruida por Justiniano en 527. En 1177 fueron hallados en Padua en una caja de plomo, en el cementerio de Santa Giustina, y la atribución a San Lucas se debió a una inscripción en el interior de la caja que llevaba el nombre del santo y una doble cruz impresa en el exterior. En 1354 hubo un reconocimiento de las reliquias y, en esta ocasión, la cabeza fue llevada por el emperador Carlos IV1 a la catedral de San Vito, en Praga, donde se encuentra actualmente.
Pero, ¿cómo es posible que en el tesoro de la Basílica de San Pedro se exponga un busto relicario que contiene la cabeza de San Lucas? Esta reliquia fue llevada a Roma en 586 por Gregorio Magno, cuando era embajador del papa Pelagio II, como regalo del emperador Mauricio Tiberio. Cuando en Constantinopla se reconstruyó la basílica de los Santos Apóstoles en 527, en tiempos de Justiniano, se volvieron a colocar allí algunas cajas con las reliquias de Andrés, Lucas y Timoteo, pero sin abrirlas para verificar su autenticidad. Por lo tanto, la “cabeza de San Lucas” fue regalada y llevada a Roma de buena fe (¿?).
Además, también en Roma, en el museo de la Basílica de Santa María la Mayor, hay un brazo del apóstol, junto con el de San Mateo. Un dedo, en cambio, estaría en San Pedro del Vaticano y otras reliquias en otras iglesias. Dadas las duplicidades, en 1998 hubo un gran reconocimiento con exámenes a fondo. El análisis de carbono 14 del cráneo del Vaticano sitúa la datación de esta reliquia a partir del siglo V. El de Praga, en cambio, se fecha entre los siglos II y IV, perteneciendo al esqueleto de Padua, del cual se han verificado otros datos científicos que apoyan la autenticidad de la reliquia2.

En cuanto a cómo y cuándo llegaron las reliquias del evangelista a Padua, ha habido diversas hipótesis: 1) que fueron traídas por los cruzados después del saqueo de Constantinopla en 1204, pero esta fue descartada inmediatamente porque las reliquias ya estaban en Padua desde 1177; 2) que las habría llevado a Padua en el siglo VIII, durante el período de las luchas iconoclastas, el sacerdote Urio, custodio de la basílica de los Santos Apóstoles de Constantinopla, junto con los restos de San Matías; las reliquias habrían sido posteriormente escondidas en el siglo IX, en el cementerio de Santa Giustina, para ponerlas a salvo de las incursiones bárbaras de los húngaros; 3) que llegaron en tiempos del emperador Flavio Claudio Juliano (361–363), más conocido como Juliano el Apóstata, probablemente para salvarlas de sus persecuciones. Y esta última hipótesis es, según la ciencia, la más probable. De hecho, en el último reconocimiento se encontraron en el sarcófago cientos de pequeñas costillas que, en un primer momento, se creyó que eran de ratones, pero un análisis más detallado reveló que pertenecían a una treintena de culebras (Coluber viridiflavus). Éstas habrían penetrado en el féretro y quedaron asfixiadas a causa de una inundación que afectó al cementerio paleocristiano de Santa Giustina. Sin embargo, este tipo de serpientes no está presente en Oriente, pero sí es muy común en el área padana. El radiocarbono las ha datado alrededor del 400–450 d.C.
La caja de plomo con las reliquias del evangelista fue trasladada a un arca de mármol construida en 1313. En 1562 se terminó la construcción de la nueva basílica de Santa Giustina, donde fue llevada el arca de mármol que, desde entonces, se encuentra en el transepto izquierdo.
Ahora bien, quedaría por desvelar el misterio de otras supuestas reliquias del evangelista presentes en Cremona, en la Iglesia de San Lucas —hoy a cargo de los Padres Barnabitas— donde existe precisamente un relicario que contiene nada menos que el cráneo del santo, además de su brazo con la mano izquierda…
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1.- El emperador Carlos IV fue un gran coleccionista de reliquias. Para saber más remito a la lectura del artículo “Los soberanos coleccionistas de reliquias”.
2.- La inspección, que fue realizada por un grupo multidisciplinario de expertos coordinado por Vito Terribile Viel Marin, titular de la cátedra de anatomía patológica de la Universidad de Padua, llevó a cabo exámenes de todo tipo, incluido el de radiocarbono 14, y concluyó en 2001. El esqueleto de Padua, completo salvo la cabeza, resultó ser el de un hombre de origen sirio, muerto entre los 75 y los 85 años, entre la segunda mitad del siglo I o comienzos del siglo V (según dos laboratorios distintos, Tucson y Oxford). En esa ocasión se hizo traer el cráneo de Praga y se comprobó que pertenece a este esqueleto. “En conclusión, no existe un solo elemento que contradiga que se trate del esqueleto de San Lucas Evangelista”, es la conclusión del estudio.




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