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Anomalía del Ararat, Ararat, Arca de Noé, David Fasold, Diluvio Universal, Durupinar, Epopeya de Gilgamesh, Fernand Navarra, Ron Wyatt, Utpanishtim
La febbre dell’Arca di Noè – Puedes leer este artículo en español abriendo este enlace
“Dijo, pues, Dios a Noé: « He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. […..] Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá. Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. […..]Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos». Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó. (Gen 6, 13-22)
“Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes de Ararat”. (Gen 8,4)
Durante siglos se han sucedido expediciones al monte Ararat en busca de su tesoro oculto: el Arca de Noé. Esta montaña, en realidad un volcán de más de 5.000 metros de altura, se encuentra en la frontera entre Armenia y Turquía. Hoy pertenece a esta última, pero siempre había formado parte de la Armenia histórica, que se extendía desde el sur del Cáucaso hasta los montes Tauro. Sin embargo, la Biblia dice que el arca se posó sobre los montes de Ararat, en plural. Y, en realidad, son dos: el Gran y el Pequeño Ararat (en armenio, Masi y Sis), aunque la Biblia podría estar simplemente indicando la zona.
Exploradores de todas las épocas han ido en busca del naufragio, y de algunos de ellos nos han llegado testimonios. Beroso el Caldeo, sacerdote, astrónomo e historiador babilónico, escribió en el año 275 a. C. sobre las costumbres de los peregrinos que escalaban el Ararat para «raspar la pez de las paredes del Arca y hacer con ella amuletos», y describe el Arca visible en el monte Ararat. Lo mismo cuenta Flavio Josefo, historiador judío del siglo I, en su libro La historia de los judíos. La tradición sostiene que el emperador bizantino Heraclio intentó realizar el viaje en el siglo VII. Entre los testimonios más célebres se encuentra el de Marco Polo, recogido en su relato El Millón de 1299, donde cuenta que en aquella época había muchísimas visitas al Arca. Muchos de estos peregrinajes fueron sustituidos más recientemente por viajes de exploradores y expediciones científicas.
Pero ¿existió realmente el Diluvio Universal? Lo que en el pasado se aceptaba como un hecho histórico pasó después, por falta de evidencias científicas, a ser considerado un relato o un mito. Pero ahora vuelve a entrar en juego la historicidad del acontecimiento: quizá no se trató exactamente de un diluvio, sino que pudo haber sido un desastre natural, de alcance local o mundial.
Estas son las principales teorías: 1) el deshielo del glaciar Laurentide en el noveno milenio a. C., con el consiguiente aumento del nivel del mar Negro y una gran inundación; 2) una gran crecida de los ríos Tigris y Éufrates que habría anegado todo el mundo conocido; 3) grandes cavernas subterráneas interconectadas y llenas de agua, fuertemente comprimida bajo un espesor de 10 millas de corteza terrestre, que habría irrumpido repentinamente, provocando una reacción en cadena y erupciones similares en muchos otros puntos del mundo, inundando la Tierra de abajo hacia arriba (teoría de las hidroplacas); y 4) el deshielo de una glaciación alrededor del 9500 a. C., que habría provocado un maremoto a escala mundial, al que todas las culturas habrían denominado «diluvio».
No es casualidad que el Diluvio Universal tenga paralelismos en otras culturas. Más de 200 mitos hablan de un diluvio o de grandes catástrofes, algunos anteriores y otros posteriores a nuestro diluvio, provocados por divinidades para castigar la maldad de los hombres. Pero fue en la Epopeya de Gilgamesh (segundo-tercer milenio a. C.) donde se habla por primera vez de un diluvio.

El descubrimiento, en 1844, de las ruinas del palacio de Nínive, capital de Asiria, trajo consigo el hallazgo de miles de tablillas de arcilla escritas en escritura cuneiforme. En 1872 fueron descifradas y una de ellas narraba la historia del Diluvio. El arca descrita tenía forma circular, como un coracle de enormes dimensiones, del que también se indican las medidas. Poco a poco, todas las tablillas fueron descifradas y así fue posible reconstruir la Epopeya de Gilgamesh, el poema más antiguo del mundo, mil años anterior a la Ilíada, contenida en doce de estas tablillas.
Gilgamesh era rey de la ciudad sumeria de Uruk, en Mesopotamia, hacia el año 2750 a. C. Tras perder a su gran amigo Enkidu, emprende la búsqueda de un remedio contra la muerte. Recurre al sabio Utnapishtim, quien le cuenta que los dioses lo salvaron del Diluvio Universal junto con su esposa y le concedieron la inmortalidad. Y por este motivo, no podía concedérsele de nuevo.
El Diluvio está presente, de una forma u otra, en la historia de todas las civilizaciones. Esta es la principal razón que lleva a deducir que no se trata únicamente de un relato literario, sino también del testimonio de algún fenómeno natural. Citaremos solo algunos de estos relatos:
Vaivasvata Manu es, para los indios, el progenitor de la raza humana. Un pez le advierte de que la humanidad será destruida por un diluvio y, por ello, debe construir un arca para salvarse a sí mismo y a su familia. En la literatura grecorromana, Deucalión y su esposa Pirra imitan a Noé y sobreviven al diluvio. Después reciben la orden de Zeus de repoblar la Tierra arrojando piedras hacia atrás, que se convierten en hombres y mujeres. En la mitología inca se cuenta que el dios Huiracocha inunda la Tierra para destruir una raza de gigantes. En el continente americano, una leyenda de los indígenas mapuche relata cómo un hombre, su esposa y sus hijos sobreviven a un diluvio mientras el resto de los hombres se transforma en peces.
Y ahora pasemos a los acontecimientos más destacados de los últimos dos siglos relacionados con el posible descubrimiento del Arca.
En 1840, la última erupción del Ararat provoca un gigantesco terremoto que crea una gran grieta en un barranco y provoca el desplazamiento de un glaciar, haciendo que la «posible» arca desaparezca bajo el hielo.
En 1876, el abogado y político británico James Bryce asciende al monte Ararat y afirma haber encontrado un trozo de madera trabajada, de aproximadamente 1,20 m de largo y 20 cm de grosor, que, según él, reunía todos los requisitos para ser una parte del Arca.
En 1916, Vladimir Rosskowizky, un explorador ruso, asegura haber encontrado, a 4.000 m de altitud en el monte Ararat, una embarcación semienterrada bajo el hielo. El zar Nicolás II envía entonces una expedición que confirma que el hallazgo corresponde al Arca. Se toman muestras y fotografías que fueron consideradas pruebas definitivas. La Revolución soviética pone fin al régimen zarista y las pruebas desaparecen para siempre.
A pesar de que el ascenso al monte Ararat requiere un permiso especial, debido sobre todo a que permanece cubierto de hielo la mayor parte del tiempo (aunque también, en determinados periodos, por la situación geopolítica), esto no desanimó, después de la Segunda Guerra Mundial, a numerosos exploradores y expediciones.
En 1949, un avión espía de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, mientras realizaba un mapeo de la zona del Ararat, fotografió una estructura a 4.650 m de altitud, en el yacimiento arqueológico de Durupinar, a 29 km del monte Ararat, que posteriormente sería denominada «la Anomalía del Ararat». Sin embargo, la fotografía no fue divulgada porque se consideró secreta, al igual que muchas otras tomadas posteriormente, en diferentes ocasiones y durante las décadas siguientes, tanto desde aviones como desde satélites.
En 1955, Fernand Navarra, un alpinista francés, sacó del fondo de una grieta de veinticuatro metros de profundidad un trozo de madera trabajada. Consciente de que las autoridades no le permitirían llevárselo, lo hizo pedazos y lo sacó clandestinamente. Las piezas fueron examinadas por varias universidades, pero no se pudo determinar que pertenecieran al Arca, a pesar de su antigüedad.
En 1965, un aviador turco fotografió lo que se creía que era la huella de una embarcación entre dos campos de hielo en el Ararat. Esta «huella» era igual a la que ya había sido fotografiada por el satélite, denominada «la Anomalía del Ararat», que todavía no había sido publicada. Se trata de una formación geológica inusual con forma de hoja o de embarcación, cuyas dimensiones son bastante similares a las descritas en la Biblia¹.
En 1974, dos grupos suben al monte Ararat para rodar documentales sobre la búsqueda del Arca. Ambos grupos afirman haber visitado el lugar donde Fernand Navarra encontró la madera, pero no hallan nada que pueda demostrar de manera concluyente la presencia del Arca de Noé.
A este respecto, es interesante destacar la notable falta de confianza y cooperación entre los grupos que participaban en las investigaciones. Navarra cuenta que, cuando su grupo regresaba del Ararat con la madera que consideraban procedente del Arca, se encontraron con otros dos grupos que se dirigían a la montaña. Navarra relata que su grupo no compartió con los demás su descubrimiento. Era evidente el espíritu de rivalidad.
En 1977, Ron Wyatt² ve una fotografía del yacimiento de Durupinar y decide organizar una expedición, que repetiría en 1985 junto con David Fasold (exoficial de la Marina Mercante estadounidense) y el geofísico Baumgardner. Con la ayuda de un radar, detectan una gran estructura subterránea con forma de embarcación y creen haber encontrado el Arca petrificada, además de una viga de madera cubierta de resina y betún, también petrificada. Encuentran pelos de color rojo y excrementos de animales. También hallan unas grandes piedras, que posteriormente Wyatt denominó «anclas»³ y que, según él, habrían servido para mantener el Arca inmóvil. Las dimensiones de la estructura coinciden con las del Arca descrita en la Biblia.
En 1995 se publican finalmente las fotografías de «la Anomalía del Ararat», lo que reaviva la fiebre del Arca.
En 2010, unos investigadores evangélicos chinos y turcos aseguraron haber encontrado una parte importante de la embarcación, a la que un análisis de carbono 14 habría atribuido una antigüedad de 4.800 años. Sin embargo, pronto se demostró que se trataba de un montaje fraudulento.
En 2022-2023, una expedición de científicos de universidades turcas y estadounidenses aseguró haber encontrado los restos del Arca de Noé en Durupinar. Analizaron unos 30 fragmentos de roca y muestras de terreno encontrados en una concreción de la gran estructura con forma de barco, y los resultados revelaron que tenían unos 5.000 años de antigüedad. También encontraron indicios de actividad humana entre el 5500 y el 3000 a. C. Sin embargo, todavía faltan estudios adicionales que permitan respaldar esta hipótesis.
No solo eso, sino que recientemente se ha determinado que la formación de Durupinar es una roca completamente natural y que su forma, que hace pensar en una embarcación, es totalmente casual. Esto no descarta que evidentemente haya ocurrido algún tipo de diluvio o catástrofe natural, pero los científicos todavía no se ponen de acuerdo sobre cuál pudo ser exactamente ni sobre cómo ocurrió. Mientras algunos sostienen la posibilidad de una inundación a gran escala, otros apuntan a acontecimientos más localizados.
Por lo tanto, hasta que no existan pruebas irrefutables, las supuestas evidencias que «demuestran» el hallazgo del Arca de Noé no tienen, por el momento, valor científico.
A pesar de ello, la pasión y la curiosidad de los investigadores no han disminuido, impulsados por la esperanza de descubrir el gran tesoro oculto.

A estas alturas parece clara la única verdad que ha surgido hasta ahora: en el pueblo de Doğubayazıt, a los pies del monte Ararat, toda una generación de pastores, guías de montaña, trabajadores y políticos se está enriqueciendo gracias a los grupos de científicos, escaladores o peregrinos que llegan en busca de una prueba tangible de la famosa embarcación.
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1.- La Biblia indica cuáles eran las dimensiones del Arca: 300 codos de longitud = 150 metros, 50 codos de anchura = 25 metros y 30 codos de altura = 15 metros.
2.- Wyatt, de religión adventista, abandonó su profesión de enfermero anestesista para dedicarse a la arqueología bíblica. Fue un «arqueólogo aficionado» que dedicó gran parte de su vida a esta gran pasión. Se dice que entre las decenas de objetos o yacimientos que descubrió se encuentra también el Arca de la Alianza.
3.- Son piedras de forma alargada que Wyatt colocó de pie, como si fueran monolitos. Fasold planteó la hipótesis de que fueran anclas o pesos utilizados para estabilizar el Arca mientras flotaba, entre otras razones porque presentan unos orificios en la parte superior que podrían haber servido para pasar una cuerda, algo característico de las embarcaciones antiguas.











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