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Il Santo Prepuzio                                                                                                 Puoi leggere ques’articolo in italiano cliccando qui

Circoncisione

Del Santo Prepucio de Jesús no se habla en los Evangelios. Únicamente en el evangelio de Lucas hay una mención a la circuncisión, un rito obligado en el seno de la religión hebrea. “Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno” (Lc 2,21).

Mayores detalles los encontramos en el apócrifo ‘El Evangelio árabe de la infancia’: “Y, cuando fueron cumplidos los días de la circuncisión, es decir, al octavo día, la ley obligaba a circuncidar al niño. Se lo circuncidó en la caverna, y la anciana israelita tomó el trozo de piel (otros dicen que tomó el cordón umbilical), y lo puso en una redomita de aceite de nardo viejo. Y tenía un hijo perfumista, a quien se la entregó, diciéndole: ‘Guárdate de vender esta redomita de nardo perfumado, aunque te ofrecieran trescientos denarios por ella’. Y aquella redomita fue la que María la pecadora compró y con cuyo nardo espique ungió la cabeza de Nuestro Señor Jesucristo y sus pies, que enjugó en seguida con los cabellos de su propia cabeza”(V-1).

Santa BrigidaMaría Magdalena, según las escrituras, compró ungüento o aceite para ungir el cuerpo de Cristo después de su muerte. Si dentro del tarro hubiera encontrado algo o no, ni siquiera los apócrifos lo comentan. ¿Lo adquirió a este perfumista? Y además, ¿qué pasó con el prepucio? Otra versión nos la ofrece Santa Brígida de Suecia que en una de sus ‘Revelaciones’ o visiones, la Virgen María le reveló que llevaba el prepucio siempre consigo como si fuera una joya. También le reveló que antes de su Asunción al cielo entregó el precioso ‘objeto’ a San Juan Evangelista.

Después, el silencio absoluto. Del prepucio no se supo más nada durante varios siglos hasta el año 800, cuando Carlomagno lo donó al papa León III en ocasión de su coronación como Emperador del Sacro Romano Imperio, la noche de Navidad de aquel mismo año, que se llevó a cabo en la basílica de San Pedro en Roma, por parte de dicho papa. El papa lo mandó custodiar en el Sancta Sanctorum de San Juan de Letrán junto con otras reliquias. Pero ¿como había llegado la reliquia a las manos del emperador?

Según parece, la emperatriz Irene de Bizancio la donó a Carlomagno (conociendo su pasión por las reliquias) con la esperanza de casarse con él y así reforzar su reino. Pero el emperador no tenía ninguna intención de desposarla y de hecho, no lo hizo. Por este motivo, el emperador decía que el Santo Prepucio había sido un regalo de un ángel: un día entró en la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén para rezar y un coro de ángeles lo acogió y le hizo este precioso regalo.

Sin embargo, no sabemos si la reliquia en sí tenía la propiedad de multiplicarse o, como afirmaban algunos, se hicieran de ella varios trocitos, ya que hacia el siglo XV existían nada menos que 14 prepucios custodiados en diferentes monasterios e iglesias de Europa.

Entre los prepucios europeos más famosos, el que estaba en el monasterio benedictino francés de Coulombs fue enviado a Inglaterra en 1421 destinado a ocupar un espacio al lado del tálamo nupcial de Enrique V, para asegurar el embarazo de la reina. El olor dulce que emanaba garantizaba el nacimiento a los nueve meses exactos. Muchas reinas lo utilizaron para tal fin.

ugonottiOtro famoso Santo Prepucio era el de Charroux (es decir, carne roja, ¿será una casualidad?), y según una tradición francesa, fue un dono de Carlomagno a los monjes, pero aparentemente fue destruido por los Hugonotes durante las guerras de religión en Francia (siglo XVI). Pero reapareció en el siglo XIX: estaba escondido en un muro. Esto provocó un desencuentro sobre la autenticidad de esta reliquia con respecto a la que estaba conservada en Roma, de la que hablaremos en breve.

El de Amberes llegó a esta ciudad después de la primera cruzada, hacia el año 1100, y había sido vendido por el rey Balduino I de Jerusalén. De esta reliquia el obispo de Cambrai durante una misa vio salir tres gotas de sangre que mancharon los linos del altar. Por este motivo se erigió una capilla para custodiar tanto el prepucio como la cubierta manchada, convirtiéndose el lugar en meta de muchas peregrinaciones. En el 1426 se fundó en Amberes la Van der heiliger Besnidenissen ons liefs Heeren Jhesu Cristi in onser liever Vrouwen Kercke t’Anwerpen. A pesar de ello, a partir del siglo XVI en adelante no se expuso nunca más. Y puesto que de todos los demás no se volvió a saber nada, el de Roma quedó como el único y, según la Iglesia, el oficialmente auténtico, puesto que su mayor competidor (Charroux) todavía no había reaparecido.

Calcata

El prepucio de Roma, como ya se ha comentado, estaba custodiado en el Sancta Sanctorum de San Juan de Letrán, donde hoy está la Scala Santa. En el 1527 los Lansquenetes (es decir los soldados mercenarios del emperador Carlos V) saquearon Roma y consiguieron entrar incluso en el Sancta Sanctorum. En Calcata, un pueblo a unos 35 Kms. de Roma, fue capturado y apresado uno de estos Lansquenetes que había tomado parte en el saqueo. Este escondió el reliquiario con el prepucio en la celda que fue sucesivamente descubierto, después de 30 años, en el 1557. Desde entonces se hizo famoso y lo sacaban en procesión todos los años, el 1 de enero, día de la Circuncisión.

Al igual que Santa Brígida de Suecia, otras famosas  místicas tuvieron visiones del Santo Prepucio. Santa Catalina de Siena, por santa.caterina.sienaejemplo, imaginó llevar la reliquia en el dedo como si fuera un anillo nupcial, mientras que la austriaca Agnes Blannbekin, del siglo XIII, imaginó ingerirlo, como una hostia consagrada.

Independientemente del problema de su autenticidad, el prepucio era una reliquia ‘incómoda’ porque era objeto de encendidas disputas teológicas. Había quien sostenía que no podía existir ninguna parte de Cristo en la tierra porque, habiendo resurgido y sucesivamente ascendido al cielo, ninguna parte de su cuerpo habría quedado en tierra: en el momento de la ascensión también el prepucio habría ‘volado’.  Cristo estaba en el cielo en la plenitud de su perfección, y por añadidura el prepucio era la consecuencia de un rito hebreo, por lo tanto poco aceptable para la veneración cristiana.

Otros decían que podía ser considerado como las uñas o los excrementos, y no como la piel, por lo tanto podía ser objeto de devoción. Todo lo que atañía al cuerpo de Cristo, en suma, ponía problemas teológicos que no existían con las reliquias de los santos (entendiendo como reliquias, en este caso, partes del cuerpo). Por lo tanto fue la reliquia que más estuvo en el punto de Calcata piazzamira de las corrientes ‘antirreliquias’ a partir de la época protestante. El de Calcata se había convertido en el blanco de la ironía de James Joyce quien, en su Ulises, lo llamó ‘el anillo nupcial de la Santa Romana Iglesia Católica’. En 1983 desapareció. Muy probablemente el prepucio fue robado para enriquecer una colección privada, o simplemente fue vendido por el valor intrínseco de su reliquiario, habiéndolo vaciado de su contenido. Pero también hubo quien pensó que la misma Iglesia se había encargado de hacerlo desaparecer, dado que esta ‘peculiar’ reliquia no había hecho más que dar problemas.

Por todos los motivos indicados el culto a esta reliquia fue oficialmente prohibido por la Iglesia a través del decreto 37 del 3 de Febrero de 1900, decreto que incluso prohibía escribir y hablar del Santo Prepucio so pena de excomunión. Pero sucesivamente esta pena fue ‘suavizada’, y a los devotos de esta reliquias sólo eran considerados como ‘vitandi’, es decir, personas ‘a evitar’. El Concilio Vaticano II eliminó definitivamente del calendario litúrgico romano la celebración del día de la circuncisión, que era el 1 de Enero, el octavo día desde el nacimiento de Cristo.