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Il sudario di Oviedo                                                                                          Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

Según la tradición hebraica, tras morir a los difuntos se les cubría el rostro con una especie de paño/sudario, en señal de respeto. Esto tenía un especial sentido en el caso de los condenados a muerte, que habían sido torturados previamente. De esta forma se ahorraba a los transeúntes la vista de esas caras de dolor, a veces sangrientas. A continuación este paño se quitaba y el cuerpo se envolvía en una sábana. Y si había sangre, entonces el paño se dejaba en el sepulcro, como cualquier otro objeto que había estado en contacto con la sangre del difunto. Esto es lo que podría haberle pasado también a Jesús.

Cuando José de Arimatea y Nicodemo obtuvieron de Pilato el permiso de llevarse el cuerpo de Cristo, antes de su deposición cubrieron su rostro, y de esa guisa el cuerpo fue llevado al sepulcro donde el paño fue quitado para envolver el cuerpo en una sábana. Y de este sudario que cubrió la cabeza de Cristo, citado también en el Evangelio de Juan, hablaremos en este artículo. Según este evangelista, cuando entró con Pedro en el sepulcro vacío la mañana de la resurrección, vieron que el sudario que cubría la cabeza de Cristo estaba doblado en una esquina (Jn 20,3-7).

”Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó a mirar y vio allí las vendas, pero no entró. Detrás de él llegó Simón Pedro, que entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas, y vio además que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta.”(Jn 20,3-7)

Catedral de Oviedo. Cámara Santa

Interior de la Cámara Santa. De tras de la cruz puede verse el Santo Sudario

Este sudario se encuentra en Oviedo (Asturias, España) desde el siglo VIII, en la Cámara Santa, y se expone tres veces al año: durante los oficios del Viernes Santo, el 14 de Septiembre (fiesta del Triunfo de la Cruz) y el 21 de Septiembre (San Mateo, apóstol y evangelista).

La historia de cómo llegó el sudario a Asturias nos la cuenta el obispo de Oviedo Pelayo (siglo XII), en el Liber Testamentorum, pero tenemos noticias también de otras fuentes, la primera de estas en el 570, cuando el monje Antonino de Piacenza lo cita en el diario del peregrinaje que hizo a Tierra Santa. Esta reliquia se hallaba en un monasterio situado en las grutas cerca del río Jordán, cerca de Jericó.

Pero cuando el rey persa sasánida Cosroe invadió y saqueó Jerusalén (640) (y se llevó la Vera Cruz que fue sucesivamente recuperada por Heraclio) algunos cristianos consiguieron huir a Alejandría llevando consigo el sudario, pensando que de esa manera lo habrían puesto a salvo. Pero solo dos años después Cosroe invadió también Alejandría, por lo que los cristianos pensaron emprender el camino hacia Occidente, y así llegaron por mar a la península ibérica desembarcando en Cartagena. El sudario fue entregado al obispo de Sevilla, Leandro. En Sevilla permaneció unos años pero hacia el 657 el sucesor de Leandro, Isidoro, cedió la reliquia al obispo Ildefonso de Toledo, ciudad capital del cristiano reino visigodo. Pero los visigodos, que reinaban en España desde hacía dos siglos, a causa de sus luchas intestinas fueron poco a poco barridos por los musulmanes que en el 711 entraron por vez primera en la península ibérica y la conquistaron casi por completo, y hubieran conseguido atravesar los Pirineos si Carlos Martel no los hubiese parado en la batalla de Poitier (732). Toledo y todas las otras ciudades importantes capitularon, y únicamente un pequeño territorio del norte de la península ibérica, de difícil acceso, resistió a la invasión: Asturias. Y en ese lugar se refugiaron muchos cristianos visigodos.

Las reliquias presentes en Toledo fueron guardadas dentro de un arca de madera, incluido el santo sudario, y llevadas a Asturias, donde fueron escondidas en el Monsacro, un monte a unos diez kilómetros de Oviedo, la capital. En el 840 el rey Alfonso II mandó construir en el interior de su palacio la ‘Cámara Santa’, una capilla que desde entonces acoge el arca y todas las reliquias que contenía. Hoy está incorporada a la catedral de San Salvador, del siglo XIV, y allí se custodian también otros importantes tesoros.

Oviedo: catedral de San Salvador

En el mismo período en que llevaron el arca a Oviedo se descubrieron también las reliquias del apóstol Santiago el Mayor en Galicia, en Iria Flavia (hoy Padrón). A partir del siglo XII se iniciaron las peregrinaciones al lugar que será conocido como Santiago de Compostela, que tenían (y aun hoy tienen) como meta la visita a los restos del apóstol Santiago (consulta mi artículo sobre este argumento). Al mismo tiempo, en 1075, en presencia del rey Alfonso VI, el Arca Santa fue abierta solemnemente y todo su contenido inventariado oficialmente, incluido el Sudario. Tanto por la reliquia del Santo Sudario en sí como por la cercanía a Santiago, muchos peregrinos que iban a Santiago se desviaban ligeramente para visitar también el Santo Sudario de Cristo, y a través de ellos, la fama de la reliquia se difundió por Europa.

A partir de los años 60 del siglo pasado el sudario de Oviedo ha sido sometido a muchos exámenes, iniciados por Monseñor Giulio Ricci, entonces presidente del Centro Romano de Sindonología. Esta tela, de 85×52 cms, por las características que presenta fue inmediatamente asociada a la Sábana Santa de Turín, visto que las manchas, y por lo tanto la posición de las heridas, que dejan adivinar la forma del rostro, son las mismas de aquella reliquia. También las características del tejido – composición, consistencia, hilado y torcido de las fibras- corresponden a las de la Sábana Santa; la trama, sin embargo, es diferente, siendo ortogonal en el sudario y en espina de pez para la Sábana Santa. Se trata de una urdimbre típica de la época romana producida entre el 400 a.C. y el 500 d.C.

El estudio realizado en los pólenes el sudario de Oviedo presenta rastros de diferentes plantas, 141 tipos de pólenes y 10 tipos de hongos. El 99% de las plantas son endémicas del Mediterráneo, algunas propias de Tierra Santa que solo crecen en Palestina: terebinto (Pistacia palestina), un tipo de tamarindo (Tamarix hampeana) y un determinado tipo de encina (Quercus calliprinus). Las tres se encuentran en un radio de 20 Kms alrededor de Jerusalén y florecen en primavera. También se han hallado trazas de mirra y aloe, sustancias utilizadas para uncir los cadáveres y retrasar su descomposición.

En 1985 se tomaron diferentes muestras microscópicas con las que se consiguió determinar que el grupo sanguíneo de las manchas presentes en la tela es el AB, el mismo de la Sábana Santa, además de haber 70 elementos coincidentes con la reliquia de Turín, en el lado anterior y 50 en el lado posterior como, por ejemplo, la longitud de la nariz, las heridas en la nuca y la sangre en la barba.

A la vista de estos resultados, en el 1987 se creó en España el CES, Centro Español de Sindonología y en 1989 se volvió a examinar la reliquia, cosa que permitió una minuciosa reconstrucción de los eventos que llevaron a la formación de las manchas sobre la tela. Estos estudios duraron cinco años y los resultados son sorprendentes. Veamos algunos: el hombre tenía el cabello atado en la nuca y barba larga, heridas en la parte occipital, la boca cerrada, la nariz fracturada, heridas en la parte occipital posterior y en el cuero cabelludo; parte de las manchas están compuestas por sangre y agua, debido a la muerte por edema pulmonar, típico de la muerte por asfixia, como sucede en caso de crucifixión; en el momento de la muerte el cadáver estaba en posición vertical con la cabeza reclinada 70 grados hacia adelante y 20 hacia la derecha y fue removido después de 45 minutos; cuando después fue puesto en posición horizontal alguien intentó taponar la salida de sangre de la nariz y de la boca con la mano izquierda, y fue llevado por un corto trayecto durante unos 5-10 minutos. Finamente fue depositado en decúbito supino, el sudario fu apartado de su cabeza y el cuerpo fue colocado de otra manera. Se ha llegado a esta conclusión porque algunas manchas se superponen a otras quedando claro que estas últimas ya estaban secas cuando se formaron las que luego se superpusieron. Además de las manchas de líquido edematoso se reconocen otras de distinto tipo, entre las cuales algunos puntitos de sangre causados por pequeños cuerpos puntiagudos.

Las manchas de sangre tienen una disposición simétrica, que indica que el pañuelo fue doblado en dos antes de cubrir la cabeza, que inicialmente no fue envuelta del todo porque la mejilla derecha estaba inclinada, casi apoyada, sobre el hombro. Las investigaciones más recientes (el último convenio internacional de estudios sobre el Sudario tuvo lugar en Oviedo en abril de 2007), que aún hoy continúan a cargo del Edices (Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología), han podido averiguar que el paño fue puesto sobre el rostro de un hombre ya muerto, porque el mecanismo que produjo las manchas es incompatible con cualquier tipo de respiración.

También en el caso de esta reliquia se realizó, en 1990, la prueba del Carbono 14 sobre dos muestras. Estas la han fechado entre el 540 y el 890. Como ya comentamos para otras reliquias, esta prueba por muchos no es considerada fiable cuando el objeto está contaminado. En este caso, durante siglos esta reliquia es mostrada a todos los feligreses que inicialmente la besaban; además muestra trazas de incienso y de hollín dejado por las velas, como también de sudor, restos de insectos, carmín, etc. incluso pólvora, utilizada en 1934 para mandar por los aires la Cámara Santa durante la Revolución de Asturias.

Los que sostienen la autenticidad de la reliquia se basan en todos los estudios científicos llevados a cabo en estos últimas décadas que han permitido reconstruir la agonía y los últimos momentos de la muerte de Cristo hasta su deposición en el sepulcro, que confirman lo que nos han transmitido las Escrituras. El examen de los pólenes confirma el origen y el recorrido de la reliquia, según descrita por Pelayo. Y más importante aún, debido al tipo de datación del tejido como también a las múltiples coincidencias sobre las características del difunto, afirman que el sudario de Oviedo y la Sábana Santa fueron utilizados por la misma persona.

Para saber más

  1. Hesemann. Testimoni del Golgota. Cinisello Balsamo 2003
  2. Guscin. Il mistero del sudario di Oviedo. Ha davvero coperto il volto di Gesù? Torino 2007
  3. Fanti, S. Gaeta. Il mistero della Sindone. Milano 2015-09-04

CES, Centro Español de Sindonología. El Santo Sudario de Oviedo. Audiovisual interactivo. 2015