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Está en Coria, Cáceres, en el Museo de la Catedral. Reliquia que gozaba de una gran devoción popular, pasó poco a poco a ser olvidada y a mediados del siglo pasado casi nadie ya conocía su existencia. En estos últimos decenios se está intentando reavivar su culto a la vez de investigar su autenticidad. Estos estudios están aún en curso, a pesar de los pocos o nulos documentos que ayuden a rastrear su procedencia.

Catedral de Coria

Coria es una bonita localidad que está muy cerca de Portugal. Fundada por los Vetones, pasó luego a formar parte de la provincia romana de Lusitania que se creó en el 27 a.C. Muy cerca de Coria pasaba una de las más importantes vías de comunicación romana: la Vía de la Plata. Y a los romanos se deben sus maravillosas murallas. Cuando el cristianismo se liberalizó en el imperio romano en Coria se creó una sede episcopal. Los visigodos se sustituyeron a los romanos y los musulmanes a los visigodos. En concreto, alrededor del siglo XII la zona quedó bajo el dominio almohade hasta la reconquista cristiana. Un primer hito en la historia de la Reconquista, en lo que a esta localidad se refiere, fue cuando el rey Alfonso VII consiguió rescatarla del dominio de los musulmanes en 1142, pasando a formar parte del reino cristiano leonés. A pesar de ello, por tratarse de una zona fronteriza, seguía estando continuamente sujeta a desórdenes y devastaciones. Estos problemas se terminaron cuando en el siglo XIII Alfonso IX y su hijo Fernando III ‘el Santo’ reconquistaron toda Extremadura, ocupando también Sevilla y Córdoba.

La construcción de la actual catedral gótica se inició muy entrado el siglo XV y se prolongó unos 250 años, por lo que tiene añadidos renacentistas y platerescos. El emplazamiento es más o menos el mismo sobre el que surgía la primitiva catedral visigoda luego convertida en mezquita, que a su vez  dio paso a la construcción de una catedral románica en el siglo XIII, de la cual no quedan rastros.

Mantel de la Última Cena

No ha podido establecerse con seguridad cuándo ni en qué circunstancias apareció una arqueta con diferentes reliquias, entre las cuales un fragmento de la Vera Cruz, una espina de la corona de Cristo y el mantel. ¿Cómo llegaron estas reliquias a Coria? ¿De dónde proceden? La falta de documentos del período anterior a la Reconquista, por haberse quemado el Archivo Catedralicio en tiempos de Alfonso X el Sabio, envuelve en un halo de misterio el descubrimiento. En 1404 Benedicto XIII, el papa Luna, emite una bula en la que indica que fueron halladas unas reliquias entre las que se encontraba un fragmento del Lignum crucis, razón por la cual empezaron a exponerse a la veneración el día 3 de Mayo, día de la invención de la Vera Cruz por Santa Elena. Más adelante, en 1444 otra bula, expedida por el papa Eugenio IV, concede indulgencias a los que visitasen dichas reliquias.

Sobre el período de llegada de estas reliquias a Coria hay varias hipótesis, pero ninguna de éstas puede ser confirmada.

Bula de Benedicto XIII

Las reliquias llegarían en el siglo IV a Coria desde Roma (donde las llevaría, por lo menos las relacionadas con Cristo, la emperatriz Elena, madre de Constantino el Grande), traídas por el primer obispo de Coria. Se ocultarían en el siglo VIII con la invasión árabe, cuando los obispos tuvieron que refugiarse a Asturias. Pero no hay ninguna evidencia ni testigo literario que el mantel de la Última Cena estuviera entre las reliquias halladas por Santa Elena, ni que el mantel estuviera en Roma. En tema de reliquias, sobre todo las relacionadas con Cristo, cuando no se sabe su procedencia es un recurso bastante fácil reconducirlas a Santa Elena. También se especula que las reliquias se ocultarían después de 1142, fecha de la reconquista de Coria por Alfonso VII, porque todavía había cierta inestabilidad, como explicado antes.

Foto a tamaño natural del Mantel

Otra teoría dice que las reliquias habrían sido traídas de Francia por el obispo de Coria Don Íñigo Navarrón (o su sucesor Don Suero), quien había asistido al Concilio de Reims (1148) permaneciendo luego con el papa Eugenio III (1145-1153) en su exilio francés. Se suponía que en Francia había mucha reliquias traídas por Carlomagno desde Bizancio. Con esta teoría, las reliquias se ocultarían en una fecha aproximada comprendida entre 1150 y 1229 (conquista de Cáceres por los cristianos).

Existe también una leyenda que dice que las reliquias fueron traídas por los Templarios, por entonces asentados en el castillo de Alconétar. Éstos tenían en gran consideración a las reliquias y o bien las habían traído ellos mismos de Tierra Santa o de Francia. Antes de refugiarse en Portugal esconderían la (o las) reliquia(s) en la catedral de Coria. Siempre según esta misma leyenda, mientras el mantel estuvo en mano de los templarios, todos los jueves santos lo extendían y sobre éste aparecían muchas viandas que distribuían entre los pobres.

Pero dejando a un lado el resto de las reliquias halladas, vamos a centrarnos en el mantel. Es una reliquia única y, a pesar de sus avatares, bastante bien conservada. Hay razones para afirmar que ha sido lavado en más de una ocasión a la vez que utilizado, esporádicamente, como mantel de altar. No existe nada semejante en todo el orbe cristiano, aunque le falten unos pequeños trozos. Hay dos retazos de tela, uno en Viena y otro en Gladbach (Alemania) que podrían pertenecer al mantel de Coria. Del trozo de Gladbach, una parte se conserva en el monasterio de las Clarisas de Monforte de Lemos, Lugo. Las Clarisas de Monforte consiguieron este pequeño retazo en 1596 por mediación de Felipe II. Si se demuestra que el fragmento pertenece al mantel de Coria, se reforzaría la hipótesis que las reliquias llegaron de Francia porque algunas reliquias que pertenecían al emperador Carlomagno fueron regaladas por su hijo, Ludovico Pío, a algunos conventos alemanes. Pero tampoco hay constancia alguna que de entre las reliquias de Carlomagno hubiera algún mantel.

El mantel mide 4,42 x 0,90 metros. Se trata de una tela blanca amarillenta con adornos azules impresos en los dos extremos, teñidos con índigo natural. La trama tiene formas geométricas. En 1960 se somete a estudio en los laboratorios del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Se constata que se trata de lino blanco cuya “fecha de fabricación puede llegar perfectamente al período que nos interesa, ya que desde siglos antes del nacimiento del Señor, la humanidad utilizaba fibra vegetal en los tejidos”1. El índigo, como su nombre indica, procede de la India y era muy apreciado y usado por el pueblo judío. Este tinte no se conoció en Europa antes del siglo XVI, cuando lo empezaron a importar los holandeses, es decir, unos 200 años después del hallazgo de la reliquia. El arqueólogo Manuel Gómez Moreno y gran experto en tejidos dictaminó que “por su estructura y técnica de fabricación, no usados en Occidente, el tejido es oriental, de manera más concreta, de procedencia arábiga1”.

Estos exámenes nos indican claramente que se trata de una pieza muy antigua, aunque no acota con un margen razonable la fecha de fabricación. Tal vez porque con los instrumentos científicos disponibles en la época no se podía afinar tanto. Hoy sí se puede. Pero retomaremos el argumento más adelante.

Lo que sí es innegable, es la gran devoción de la que ha sido objeto la reliquia durante algunos siglos, desde su descubrimiento hasta finales del siglo XVIII. Se calcula que acudían unas 20.000 personas al año (actualmente Coria tiene unos 13.000 habitantes), sobre todo el día 3 de mayo, día de exposición de las reliquias. Esta afluencia dio paso al nacimiento de una feria muy importante que trajo mucha prosperidad a la comarca. Muchas personalidades visitaron la reliquia, como el duque de Alba y el rey Felipe V.

Balcón de las reliquias de estilo plateresco

Las reliquias se exponían primero dentro del templo, en un trono ante el altar mayor, y después de misa se subían a la tribuna plateresca, que se mandó construir ex profeso, que se abre sobre el atrio de la puerta del Evangelio, formando ángulo con la fachada. Desde allí se mostraban al pueblo. El mantel se colgaba y, por su longitud, llegaba a la altura de las personas. Esto permitía que pudiera ser besado y para ello se organizaban unas interminables colas. Pero pronto empezaron a formarse desórdenes porque la gente quería tocarlo, agarrarlo y llevarse hilos o intentar trepar a la tribuna con escaleras. Esto también pudo ser la causa de los varios desgarros que tiene. Se decidió por tanto dejar de sacar las reliquias a la tribuna para que la adoración se hiciera dentro del templo. Aún así la gente saltaba los bancos destinados a contenerlas y hacían correr las reliquias de mano en mano. Por este motivo, en 1791 se suprimió el acto público de adoración y el Santo Mantel no salió más de su arqueta de plata. Las reliquias se adorarían a través de las rejas que cierran la capilla de las reliquias, sin ser sacadas de sus relicarios ni de la capilla. Aunque las indulgencias seguían siendo vigentes, sumándose también la de Pío VI de 1789, el culto empezó a decaer y la feria también vino a menos.

Durante estos siglos el mantel fue sacado en procesiones rogativas en varias ocasiones para paliar la sequía o placar los malos temporales; o para que se acabara la peste (1581) o por la salud del rey Carlos II (1698); por el triunfo de Felipe V sobre el archiduque de Austria (1705) o incluso para acabar con una plaga de langostas (1715).

A partir del siglo XIX se perdió un poco de la memoria colectiva, y en 1960 empezó a hacerse una labor para recuperar y dar a conocer la reliquia, sobre todo por iniciativa de Miguel Muñoz San Pedro, Conde de Canilleros y de San Miguel, quien editó un libro1. En 2004 se expuso en ‘Las Edades del Hombre’ en Aranda de Duero. En 2005 se sacó en la procesión del Corpus de Cáceres con la Cofradía de la Sagrada Cena. En 2015 fue presentado en Fitur. Son todos estos intentos para dar publicidad a la reliquia y de paso, dar nuevos motivos para visitar la zona y reavivar un poco la economía. Algo semejante pensarían los reyes cristianos después de la Reconquista. Había que englobar estos territorios dentro del mundo cristiano. No bastaba con haberlos conquistado. Como estaban un poco aislados, tenían que darlos a conocer y repoblarlos. Para la gente de la Edad Media las reliquias de cualquier santo eran muy importantes y eran objeto de gran devoción. Imaginemos cómo podían ser de importantes las que estuvieran relacionadas con la pasión de Cristo. Por este motivo, poseer una reliquia con gran poder de convocatoria les venía como anillo al dedo.

El profesor Jackson y su equipo analizan el mantel

Y volviendo a nuestros días, la noticia de la existencia de esta reliquia en Coria llegó hasta oídos del Prof. John Jackson, famoso sindonólogo y director del Centro Sábana Santa de Turín (Turin Shroud Center) de la Universidad de Colorado. El profesor Jackson estaba entre los 30 expertos que en 1978 estudiaron la Sábana Santa. En 2006 llegó a Coria con un equipo de científicos y sofisticados instrumentos cedidos por la NASA, con el objeto de estudiar el Santo Mantel. Una noche entera estuvieron fotografiando la reliquia en sus mínimos detalles y sus estudios seguramente arrojarán más luz sobre la prenda. Hasta ahora todavía no se han publicado los resultados que esperamos salgan pronto. Sin embargo, la curiosidad del profesor Jackson no solo va enfocada a estudiar la pieza en sí, su procedencia y datación para establecer su posible autenticidad, sino también para demostrar una teoría con la que está trabajando junto a su mujer Rebecca, de religión judía y profunda conocedora de las antiguas costumbres de esta religión.

Según una antigua tradición, en la cena del Shabbat se utilizaban dos manteles. Uno que cubría la mesa y otro que cubría los alimentos una vez puesta la mesa. Esto se hacía para recordar los tiempo del éxodo. Los judíos eran alimentados por Dios quien les enviaba el maná del cielo que se depositaba sobre una capa de rocío y también se cubría de rocío para que se mantuviera fresco. Dios les enviaba una ración diaria, pero los viernes les mandaba dos raciones, para que el Shabbat no tuvieran que recogerlo. Para recordar este hecho en la cena los dos manteles simbolizan las dos capas de rocío y dos panecillos, llamados jalot o panes sabáticos, simbolizan el maná.

Debido a muchos particulares en común que tienen la Sábana Santa y el mantel de Coria, el profesor Jackson pretende demostrar que las dos prendas estuvieron en la misma mesa, es decir, en la Última Cena de Cristo. En concreto, la Sábana Santa sería el lienzo que cubría los alimentos, que se retira al empezar la cena, y por eso más pobre de decoración. Veamos cuáles son estos elementos comunes: la medidas son muy similares: la Sábana Santa mide 4,40 x 1,1 m y el mantel de Coria 4,32 x 0,90 m; las dos prendas son de lino, y hay que decir que el lino no era el tejido que comúnmente se utilizaba para los sudarios; en las dos prendas el hilo de la trama está torsionado en Z, como también comprobó en 2001 el Centro Español de Sindonología.

Cristo murió a las tres de la tarde de un viernes y debía ser enterrado antes de las seis del mismo día, que es cuando comenzaba el Shabbat. Sólo tres horas tenía José de Arimatea para reclamar el cuerpo de Cristo a Pilatos, trasladarlo hasta el sepulcro, hacer los preparativos, amortajarlo y sellar la tumba. Con las prisas de encontrar un sudario cogerían el segundo mantel de cobertura para envolver a Cristo.

¿Conseguirá el profesor Jackson demostrar su teoría? O por lo menos, ¿tendremos más evidencias que avalen su autenticidad? Los científicos en su día descartaron someter la reliquia a la prueba del Carbono 14 porque la pieza ha sido muy contaminada y por este motivo los resultados no serían fiables.

El primer paso sería demostrar sin ninguna duda que la prenda es del siglo I. Y sobre su autenticidad de momento la Iglesia no se pronuncia.

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Para saber más:

1.- Miguel Muñoz de San Pedro- Coria y el Mantel de la Sagrada Cena – Madrid 1961  2.- La Última Cena, crónica del mantel https://www.youtube.com/watch?v=rvjuNA4y5U0