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La Corona Férrea

26 martedì Mar 2024

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español, Arte

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Catedral de Monza, Corona Férrea, Coronación reyes de Italia, De obitu Teodosii, Familia Zavattari, Gregorio Magno, Orden de los Humillados, reliquias, Sagrado Clavo, San Ambrosio, Santa Elena, Teodolinda, Teodorico, Yelmo de Costantino

La corona ferrea  – Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

Es probable que no exista en el mundo una corona tan cargada de historia, leyenda y misterio como la Corona Férrea. Una corona que simbolizaba que el poder regio que otorgaba a quien con ella era coronado era de origen divino, por su conexión con la pasión de Cristo. Representaba, al mismo tiempo, la continuidad con el Imperio Romano, por ser el punto de unión entre la crucifixión y el emperador Constantino. Nada menos. Y todo esto porque, hasta hace muy poco tiempo (1993) se creía que el aro metálico que se encuentra en el interior de la Corona Férrea estaba hecho a partir de un clavo de la crucifixión fundido.

Por este motivo la Corona Férrea fue utilizada durante siglos para la coronación de numerosos soberanos, como muchos reyes de Italia, entre los cuales Carlomagno (800), Berengario I (920), Enrique IV (1081), Federico Barbarroja (1154), Carlos IV (1355), Carlos V de Habsburgo (y Primero de España, 1530), Francisco I (1792), Ferdinando I de Austria (1838) y Napoleón (1805). Este último se colocó él mismo la corona pronunciando la famosa frase “Dios me la ha dado y ¡ay de aquél que me la quite!”. La coronación se desarrollaba generalmente en Milán, en la basílica de San Ambrosio, salvo en algunas ocasiones en la que tuvo lugar en Monza o en Pavía, y de forma excepcional en otras ciudades. Como la de Carlos V que fue en Bolonia, en la basílica de San Petronio. Sin embargo, ningún rey de los Saboya se coronó con ella. Ésta tan solo fue expuesta en Roma en ocasión de las exequias de Victor Emanuel II (1878) y de Humberto I (1900).

– San Miguel Mayor, Pavia. En la nave central fue coronado con la Corona Férrea Federico Barbarroja
– Punto en la nave central de San Miguel Mayor de Pavía donde fue coronado Federico Barbarroja
– Coronación de Napoleón como re de Italia (1811-1814) Gaetano M. Monti. Pinacoteca de Brera, Milán

Según la tradición transmitida (o creada) por San Ambrosio a través de su famosa oración fúnebre por la muerte de Teodosio el Grande (de obitu Teodosii) del año 395, la emperatriz Elena, madre de Constantino, descubrió en Jerusalén la Vera Cruz1  y los clavos de la crucifixión2. La emperatriz utilizó uno de estos clavos para hacer el bocado3 (o freno) del caballo de su hijo, para asegurarle protección en batalla, y otro lo mandó engarzar en una corona-diadema:

«De uno clauo frenum fieri praecepit, de altero diadema intexuit; unum ad decorem, alterum ad deuotionem uertit»4.

(«De un calvo recabó un bocado, el otro lo engarzó en una diadema; uno para que sirviera de ornamento, el otro como piedad religiosa»)

Ahora sabemos que el aro metálico no es de hierro sino de plata, por lo que se desmontaría la secular tradición de la conexión entre la corona, el clavo de la crucifixión y el yelmo de Constantino. ¿O no?

En ausencia de documentación, se han formulado varias hipótesis sobre el origen de este precioso objeto, algunas corroboradas por el análisis del carbono-14 según el cual algunas partes de la corona se remontarían al V-VI siglo y otras serían datables entre el 690 y el 975.

La corona está formada por 6 placas de oro y plata altas 53 mm, decoradas con gemas, y unidas entre ellas con unas bisagras. Tiene una circunferencia de 48 cm y un diámetro interior de 15 cm.

– La reina Teodolinda. Capilla de Teodolinda o Zavattari. Catedral de Monza

Según algunas hipótesis la diadema de Constantino habría sido traída a Italia por el mismo Teodosio y sucesivamente enviada a Constantinopla por Odoacro, a la caída del Imperio Romano de Occidente, junto con otras ornamenta palatii. Pero el emperador bizantino Anastasio I Dicoro, la habría devuelto a Teodorico (493) que la habría reclamado para él. Éste la habría enganchado a su yelmo (kamelaukion). Existe también una tradición según la cual el papa Gregorio Magno habría donado el clavo a Teodolinda, reina de los Longobardos, que mandó construir la catedral de Monza, quien lo hizo encrustar en una corona que ella misma habría encargado.

La corona estaba normalmente custodiada en la catedral de Monza que, por el privilegio de albergar la corona, fue declarada ciudad regia, propiedad directa del emperador. Pero algunas vicisitudes hicieron que la corona, en 1248, fue dada en prenda a la Orden de los Humillados, como garantía de un fuerte préstamo para pagar un impuesto extraordinario de guerra. Fue recuperada en 1319. Sucesivamente fue trasladada a Aviñón, durante la cruzada papal contra los Visconti, donde permaneció desde 1324 a 1345.

– Catedral de Monza

Con sus medidas actuales, la Corona Férrea es demasiado pequeña para poder ser utilizada sobre la cabeza de una persona adulta. Los estudios sobre la simetría de las placas y decoración de las gemas, además de revelar que ha habido varias intervenciones de restauración/sustitución en diferentes épocas, demuestran claramente que faltan algunas placas, que en origen habrían sido ocho, o según otros estudios, nueve, teniendo por lo tanto un diámetro adecuado para su función. Las placas que faltan habrían sido sustraídas durante el período en el que la corona permaneció bajo la custodia de la Orden de los Humillados. De hecho, sólo los documentos sucesivos al 1300 la describen como ‘pequeña’, y para las coronaciones que hubo desde aquél momento en adelante se tuvo que recurrir a una suerte de ‘soporte’, o cubrecabeza, en forma de cono para poder ser llevada.

La identificación del aro metálico interior con el clavo de Cristo, que habría sido añadido para ayudar a mantener juntas las placas tras el robo, probablemente se remonta al siglo XVI, y más precisamente a la época de San Carlos Borromeo, quien fue también quien relanzó la veneración del ‘Sacro Morso’ (el bocado sagrado)3. A principios del siglo XVIII, a pesar de la absoluta falta de pruebas de que en la corona hubiera un clavo de la crucifixión, las autoridades eclesiásticas autorizaron la veneración de la misma como reliquia, tan solo basándose en una tradición secular.

– Medallón con la efigie de Constantino el Grande (315)

Pero volviendo al origen de la Corona Férrea, recientes estudios de Valeriana Maspero5, indicarían que ésta habría realmente sido la diadema de Constantino basándose, entre otras cosas, en un medallón del año 315 con la efigie de Constantino llevando la corona enganchada al yelmo. Pero la investigadora va más allá: habiendo constatado la existencia de pequeños agujeros en el borde de algunas placas, concluye que éstos habrían sido utilizados para que en ellos pudieran pasar unos enganches metálicos, necesarios para sujetar la corona al yelmo. Y estos enganches podrían haber sido recabados del sagrado clavo. Cuando los bizantinos desengancharon la diadema del yelmo para enviarla a Teodorico, se quedaron, además de con el yelmo, también con los enganches, o aritos. Avala esta hipótesis el hecho de que durante los análisis científicos se han hallado en estos agujeros unos residuos ferrosos. Los análisis realizados con el carbono-14 que datan la corona no antes del siglo V, probablemente no habrían llegado hasta el cuerpo primitivo de la corona, que ya desde la época de Teodorico sufrió varias intervenciones de adaptación, además de las, numerosas, de restauración y sustitución posteriores de partes perdidas o dañadas, como antes indicado.

Pero los enganches podían también ser utilizados para suspender o colgar la corona, teniendo en este caso también la función de corona votiva.

– Capilla de Teodolinda o Zavattari. En el tabernáculo del altar mayor está custodiada la Corona Férrea.
– Altar mayor de la capilla de Teodolinda. en el tabernáculo abierto (fondo rojo) se entrevé la Corona Férrea

La corona aún está en la catedral de Monza, y puede ser admirada en la capilla de Teodolinda o Zavattari, decorada con frescos del siglo V por el taller de la familia Zavattari. A finales de 1800 el Rey Humberto I comisionó un altar relicario destinado a contener el precioso objeto y en el interior de la capilla se colocó el sarcófago de la reina. En 2015 se concluyó la restauración, que tuvo una duración de 6 años, que ha devuelto su original esplendor a las 45 escenas que narran la historia de Teodolinda, obra maestra de la pintura gótico-lombarda.

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1.- Véase el artículo “Historia de la Vera Cruz, de Antoniazzo Romano”

2.- Lee también “Dónde están los verdaderos clavos de Cristo?”

3.- Está actualmente en el Duomo de Milán. Para saber más aconsejo la lectura del artículo “El bocado del caballo de Constantino”

4.- da Sancti Ambrosii mediolanensis episcopi [c. 340-397] De Obitu Theodosii – oratio in “Patrologiae” cursus completus Series prima – Accurante Jaques Paul Migne Patrologiae T. XVI – S. Ambrosii tomi secundi Parisiis, Excudebat Vrayet 1845

5.- V. Maspero, La corona ferrea. La storia del più antico e celebre simbolo del potere in Europa, Monza, 2003. – V. Maspero, “Alla ricerca del Sacro Chiodo. La ricostruzione dell’elmo diademico di Costantino”, en Arte Cristiana, fasc. 823, vol. XCII (julio-agosto 2004), pp. 299-310

La Corona Férrea es el sujeto de una película de 1941 de Alessandro Blasetti, con el título homónimo, que puede verse abriendo este enlace.  https://www.youtube.com/watch?v=ETLjUr6KdJU

Las reliquias de San José

25 domenica Feb 2024

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español

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Ambrogio Traversari, Bastón de San José, Cardenal Bessarione, cíngulo de San José, Jean de Joinville, Monasterio de Camaldoli, Nicola Grimaldi, Nicolini, Obispo de Châlons, reliquias, San Giuseppe dell’Opera di Vestire i Nudi, Santa Anastasia en el Palatino

Le reliquie di San Giuseppe. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

– San Giuseppe con la vara florida. Guercino (1591-1666) – Moretti Gallery, Londres

Los Evangelios nos hablan muy poco de San José que murió antes de que Jesús empezara su vida pública. Algunos datos más los encontramos en los los apócrifos, en particular a la ‘Historia de José el Carpintero’1. Cuando José se casó con la Virgen ya era un anciano, viudo y padre de 6 hijos, dos mujeres y cuatro varones, uno de los cuales tal vez fuera Santiago, varias veces citado en los Evangelios como ‘el hermano del Señor’. Parece ser que fue el único en permanecer en el hogar familiar, porque era el más pequeño, y sucesivamente sería apóstol de Cristo, conocido como Santiago el Menor. José, hasta el día de su muerte, a la edad de 111 años, habría disfrutado de una salud excelente, continuando a desempeñar su oficio de carpintero hasta el final.

“Con el pasar de los años, su vejez avanzaba cada vez más. Pero no padecía de ninguna enfermedad corporal, no vaciló su vista, tampoco perdió ningún diente su boca; en toda su vida, siempre tuvo la mente lúcida. En sus asuntos siempre tuvo un vigor juvenil, como el de un muchacho, sus miembros siempre fueron íntegros y libres de todo dolor. Toda su vida de ciento y once años: una vejez muy avanzada”2.

Cuando murió fue sepultado con todos los honores en Nazareth, después de que su alma fuera llevada al cielo por los ángeles:

“Llegaron entonces Miguel y Gabriel cerca del alma de mi padre José, la cogieron y la envolvieron en un envoltorio resplandeciente. Encomendó así su espíritu en las manos de mi Padre bueno, y él le dio la paz. Ninguno de sus hijos aún no se había dado cuenta que se había dormido. Pero los ángeles preservaron su alma de los demonios de las tinieblas que estaban en la vía, y alabaron a Dios hasta que le acompañaron a la morada de los píos.”3

El lugar de su sepulcro no ha sido nunca localizado con precisión. Los estudiosos barajan diversas hipótesis, pero solo son conjeturas. ¿Qué nos queda, entonces, de José? Un jirón de su manto, su cíngulo y su bastón, además de centenares de fragmentos diseminados en muchos lugares del mundo que serían partes de las citadas reliquias.

– Relicario que contiene una parte del manto de San José, en la parte inferior, y un fragmento del velo de la Virgin María, en la parte superior. Iglesia de Santa Anastasia al Palatino, Roma

En Roma, en la iglesia de Santa Anastasia en el Palatino encontramos una parte de su manto, presente desde el siglo IV. Esta reliquia la habría traído a Roma San Jerónimo, junto con un fragmento del velo de la Virgen. Ambas reliquias están dentro de un relicario del siglo XVII que normalmente se conserva en un armario blindado. El relicario se expone en ocasiones especiales.

En Joinville (Haute-Marne, Francia), en la iglesia de Notre Dame, se conserva su cíngulo, o cinturón. Lo habría llevado a esta ciudad en 1248 un tal Jean de Joinville, cronista de la Séptima Cruzada y amigo del rey Luis IX (el futuro San Luis de los Franceses), a la vuelta de la misma. La entregó al capítulo de San Lorenzo y más tarde mandó construir una capilla para albergar la reliquia en la iglesia de San Lorenzo. En el transcurso de los siglos a la reliquia le fueron sustrayendo pequeñas partes para satisfacer la demanda de diferentes iglesias también situadas en Francia. El último trozo que se quitó, cortado personalmente por el obispo de Châlons en 1662, fue contra la voluntad del capítulo de San Lorenzo y de los habitantes de Joinville. A partir de ese momento estuvo terminantemente prohibido tocar la reliquia y se impidión que fuera separado ningún trozo, aunque fuera pequeñísimo, so pena de excomunión.

-El cíngulo de San José. Iglesia de Notre Dame, Joinville, Francia

Actualmente está custodiada en un relicario de 1868, porque el primero se perdió a causa de la Revolución Francesa y la iglesia de San Lorenzo fue destruida. El relicario está situado en una teca en la capilla dedicada al santo en la citada iglesia de Notre Dame. Se presenta enrollada sobre un cilindro de cristal sostenido por seis personajes, a modo de palanquín: el mismo Jean de Joinville, el rey Luis IX, el obispo de Châlons, un monje de St. Urbain y dos ángeles.

– Cíngulo de San José visible a través de una de las aperturas o ventanitas hechas ex profeso.
– Cíngulo de San José. Detalle de la funda de seda con el broche de marfil

El cíngulo, visible a través de doce pequeñas aperturas rectangulares o ventanitas, mide aproximadamente un metro y medio y tiene unos cuatro centímetros de ancho. Está hecho con un tejido crudo de color grisáceo. La funda de seda que lo contiene mide un metro cincuenta por diez cm y muestra los emblemas de Joinville. Tiene frases bordadas que describen las virtudes de San José, y unas azucenas, también bordadas. En los extremos se exhiben botones y está sellado con un broche de marfil, o hueso. Después de la llegada de esta reliquia se habría desarrollado el culto a San José en esta región.

Y ahora vamos a hablar del bastón … o de los bastones.

En Nápoles, la “Archiconfraternita di San Giuseppe dell’Opera di Vestire i Nudi” (Archihermandad de San José de la Obra de Vestir a los Desnudos), que se encuentra en la colina de San Potito, está en poder de la que está considerado como la vara de San José, aquélla que, según los Evangelios apócrifos, floreció milagrosamente indicando, con esta señal, que debía ser, entre los varios pretendientes, precisamente José el esposo de María.

– Vara de San José (la ‘mazzarella’) – Iglesia de San José de los Desnudos, Nápoles
– Vara de San José, detalle

La historia de esta reliquia está ligada a la del cantante lírico napolitano Nicola Grimaldi, también llamado Nicolini, una voz blanca muy apreciada en el siglo XVI en los ambientes más aristocráticos. Entre sus admiradores estaba también la reina Ana de Inglaterra. En 1712 el cantante, gracias a los favores de los que gozaba en la corte inglesa, consiguió que no condenaran a muerte a un amigo suyo. Y la madre de éste, en agradecimiento, le hizo obsequio de la reliquia que su familia custodiaba desde hacía siglos, desde cuando fue llevada a Inglaterra por algunos cruzados.

Según otra versión, el mismo Grimaldi lo habría comprado en Inglaterra como el bastón usado por José para acompañar a María a la gruta de Belén. Y otra versión más, que Grimaldi lo había recibido en circunstancias misteriosas de los herederos del comandante del condado de Sussex que lo había sustraído de un convento de carmelitanos, donde estaba custodiado.

Lo cierto es que lo llevó consigo a Nápoles y lo expuso, a la pública veneración, en la capilla privada de su casa. Con el paso de los años, ante del deterioro de la reliquia por el contacto continuo con los devotos, fue entregada en custodia a la citada hermandad y sucesivamente, en 1795,muchos años después de la muerte del cantante, cedida a la misma. A partir de 1732, año de la muerte del cantante, la reliquia no fue expuesta más al público.

Pero desde el 19 de marzo de 2019, y después de casi tres siglos, la ‘mazzarella’ (el bastoncito) de San José, que es cómo la llaman los napolitanos, se puede visitar en la iglesia de San Giuseppe dei Nudi (San José de los Desnudos), donde está expuesta permanentemente dentro de una teca de cristal, para que los fieles pueden visitarla sin ‘sfruculiarla’ (restregarla).

Pero este bastón de San José no es el único.

– Vara de San José. Monasterio de Camaldoli (Arezzo)
– Sagrada Familia con el cordero. 1507 – Rafael Sanzio – Museo del Prado (Madrid)

Otro bastón se encontraba en Florencia ya desde el siglo XV en el monasterio camaldolés María de los Ángeles, siendo éste también el que habría florecido milagrosamente en el momento de escoger al esposo de María. Lo llevó a Florencia el cardenal Bessarione, patriarca de Constantinopla, durante el Concilio de Florencia que empezó en 1439.  Fue entregado al Prior general de la Orden de los Camaldoleses, Ambrogio Traversari, y fue custodiado en el monasterio hasta 1935, cuando se llevó al Monasterio de Camaldoli (Arezzo) donde todavía se conserva en una teca de oro. Son muchas las curaciones atribuidas a esta reliquia y las gracias recibidas. El bastón de San José estaba protegido por una custodia de plata para impedir su deterioro y que los fieles se llevasen pequeños fragmentos. Se trata de un bastón de madera, delgado y liso, y ha sido representado por Rafael en algunos de sus cuadros.

– Sagrada Familia con la palmera 1506 – Raffael Sanzio – National Gallery of Scotland, Edimburgo

Come es evidente, es bien distinto del anterior. En la Edad Media, y sobre todo en la época de las Cruzadas, un gran número de reliquias ligadas a Cristo y a sus allegados, auténticas, falsas o presuntas, han llegado a Occidente, y lamentablemente, en la mayoría de los casos, es imposible remontarse a su origen. Y en esa época casi todo se daba por bueno. Algunas han sido objeto de especulación pero también han servido para alimentar la fe de muchas personas. Dos caras de la misma moneda.

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(1) –  Storia di Giuseppe il Falegname (recensione arabo-latina), in: Vangeli della Natività e dell’infanzia, in: Apocrifi del Nuovo Testamento, Vol, 1 – Torino 1971 – (2) – Ibidem. 10, 1-2. – (3) – Ibidem 23, 1-2.

La capilla palatina de Nuestra Señora del Faro

27 sabato Gen 2024

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español

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Antonio de Novgorod, Bonifacio de Monferrato, Boukoleòn, Constantinopla, IV Cruzada, Nicolás Mesarite, Nuestra Señora del Faro, reliquias, Robert de Clari, Skeuophilax

La cappella palatina di Nostra Signora del Faro. Puoi leggere quest’articolo italiano cliccando qui

– Posible reconstrucción del complejo del Gran Palacio de Constantinopla, el Boukoleon, dentro del cual se hallaba la capilla de Nuestra Señora del Faro

Desde el 864 y hasta 1204 la capilla Palatina de Nuestra Señora del Faro ha sido la iglesia-relicario más importante de todo el mundo cristiano, bajo la égida del imperio bizantino.

Se encontraba en la parte meridional del Gran Palacio de Constantinopla, el palacio Boukoleon, y debe su nombre a una torre-faro (pharos) que se erigía a su lado, ocupando una posición estratégica en el complejo del palacio real. De hecho estaba muy cerca de los apartamentos reales y de la sala del trono, el Chrysotriklinos (Cámara dorada). Su función era la de servir como capilla principal palatina de los emperadores bizantinos y contenía una enorme colección de reliquias que eran la envidia de todo el mundo cristiano (unas 3.500 ligadas a centenares de santos), además de algunas de las más importantes, que eran las relacionadas con la pasión de Cristo.  Esta capilla formaba parte de una serie de templos sagrados presentes en el interior del complejo palaciego. Entre éstos, la capilla dedicada a San Elías y Clemente y la de San Demetrio, comunicadas con la del Faro por una puerta.

Se considera que su construcción se remonta al siglo VIII y fue el escenario de las nupcias del futuro emperador León IV (775-780) con Irene de Atenas. Fue reconstruida y redecorada por el emperador Miguel III al final del periodo iconoclasta, que duró del 726 al 842. A partir de este momento la búsqueda y la recuperación de reliquias, sobre todo en los territorios conquistados por los musulmanes, fue incesante por lo que la colección creció de forma constante, ampliándose notablemente. Ya a finales del siglo XII, debido a la importancia de las reliquias que allí se custodiaban, como la Corona de Espinas o el Mandylion1, era descrita por Nicolás Mesarite, skeuophilax2 de la iglesia, como una imagen simbólica de la Tierra Santa y un espacio litúrgico donde la salvación es posible, asimilándola a ‘otro Sinaí, una Belén, un Jordán, una Jerusalén, una Nazareth, una Betania, una Galilea, una Tiberíades, […] un Calvario’3. Estas reliquias eran mostradas a los visitantes de alto rango, pero a veces también a los numerosos peregrinos que llegaban de todas las partes del mundo.

– Ruinas del palacio de Boukoleon

Durante el saqueo de Constantinopla llevado a cabo por los cruzados en la Cuarta Cruzada (1204), y la ocupación del palacio Boukoleon por parte de Bonifacio de Monferrato, rey de Tesalonika, las reliquias que no fueron saqueadas pasaron al nuevo emperador latino, Balduino I. Éste, a su vez, vendió algunas de las más importantes, entre las cuales la Corona de Espinas, para afrontar una grave crisis económica.4

En el 1200, Nicolás Mesarite hizo un elenco de las diez más importantes reliquias de la pasión contenidas en la capilla: la Sagrada Lanza, las Sandalias de Cristo, la Corona de Espinas, el Sagrado Clavo, el Manto de púrpura que los soldados romanos pusieron sobre los hombros de Jesús para burlarse de él, la Caña utilizada por los soldados para acercar la esponja a Jesús, un fragmento de la Lápida del Sepulcro de Cristo, el Sudario de Cristo, la Toalla utilizada por Cristo en la lavanda de los pies (el Lention), los Grilletes con los que fue encadenado.

Una de las descripciones de la capilla y de su contenido la hizo Robert de Clari, cronista de la cruzada. Fue por lo tanto una de las últimas, antes del saqueo de 1204. Describe la magnificencia del palacio Boukoleon y sus riquezas. Por lo menos treinta capillas grandes y pequeñas estaban presentes en su recinto, entre las cuales una se llamaba la Santa Capilla, por las reliquias que albergaba. Describe dos recipientes de oro que colgaban en el medio de la capilla de dos grandes cadenas de plata: uno contenía una teja (se refiere al keramidion)1 y el otro un trozo de tela con la huella del rostro de Cristo (se refiere al Mandylion), siendo estas reliquias las dos imágenes milagrosas, no pintadas por manos humana, que describe Nicolás Mesarite.

Pero la lista de Mesarite no estaba completa, ni siquiera con respecto a las reliquias más importantes. Las descripciones hechas por diferentes peregrinos complementan esta lista. Entre los siglos XI y XIII se ha documentado la existencia de quince diarios de viaje, algunos con el elenco de las reliquias más importantes y otros con descripciones más completas, como por ejemplo las del peregrino Antonio de Novgorod, o la de Robert de Clari. Este último menciona dos grandes trozos de la Vera Cruz grandes como la pierna de un hombre. También había una ampolla con la Sangre de Cristo, la Túnica, una parte de la Sagrada Esponja, el Maphorion (el velo) de la Virgen María, su Cinturón y sus Zapatos, diferentes reliquias de San Juan Bautista y la carta de Cristo a Agbar V de Edesa.

Constantino Porfirogéneta (913-959) describe en su De Ceremoniis los ritos que se celebraban en la Capilla del Faro, y también los que se hacían en honor a las reliquias. Éstas eran especialmente veneradas en determinados días del año, sobre todo en Semana Santa. Un rito muy importante era el que se celebraba el domingo de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando el emperador se reunía en la Capilla del Faro con sus allegados para venerar la Vera Cruz. El mismo rito se celebraba cuando el domingo de cuaresma coincidía con la día de la Anunciación. Después de los Maitines del 1 de agosto, en el día de la Procesión del Venerable Madero de la Vera Cruz, el emperador besaba el relicario de la cruz que se mostraba durante la veneración de la Cruz, y sucesivamente la Cruz se extraía del relicario para su adoración. La Sagrada Lanza era especialmente venerada durante la semana de pasión y mostrada a la veneración el Viernes Santo. El domingo el emperador participaba en la liturgia con huéspedes especiales. El ‘sacerdote imperial’(basilikos kleros)5 y un coro de eunucos de palacio participaban con sus cánticos.

La capilla de la Virgen del Faro inspiró la construcción de la Sainte Chapelle de París, que a su vez inspiró la capilla de la Santa Cruz en la fortaleza de Karlstejn de Praga, construida por Carlos IV, emperador del Sacro Romano Imperio6.

– Parte del mapa (reconstruido) del Gran Palacio de Constantinopla, Boukolèon. El nº 37 corresponde a Nuestra Señora del Faro5

Desgraciadamente la capilla no sobrevivió al asedio latino de la ciudad cuando fue devastada y saqueada y nunca más reconstruida. No se han encontrado sus ruinas y su ubicación exacta solo puede ser deducida por las fuentes escritas, como también su aspecto exterior e interior. Una de las más importantes de estas fuentes es la décima homilía del patriarca Focio en ocasión de la consagración de la iglesia en el 864. Pero también por los ya citados textos de Robert de Clari y Nicolás Mesarite. La iglesia era pequeña y de cruz inscrita, con tres ábsides, la cúpula sostenida por cuatro columnas, un nártex y un atrio delante de la cúpula. Su decoración era extremadamente rica y exteriormente estaba revestida de mármol blanco. Los muros interiores estaban revestidos de mármoles policromados y mosaicos, como también el pavimento. La partes no recubiertas de mármol lo estaban de oro y plata. Los capiteles estaban decorados con plata y un collarín de oro. El ciborio tenía forma de pirámide y estaba sostenido por cuatro columnitas de oro y plata. También el altar lateral y las puertas del santuario eran de plata. Había dos palomas suspendidas sobre el altar mayor, con las alas recubiertas de perlas y esmeraldas, que sostenían en el pico cruces, también de perlas. Las otras cruces eran de oro y cuajadas de piedras preciosas. La iglesia entera parecía una preciosa joya5.

El programa iconográfico de Nuestra Señora del Faro fue el primero en aparecen en una iglesia después del período iconoclasta. Había una imagen de Cristo en la cúpula y debajo un cortejo de ángeles, y en el ábside principal la Virgen María con sus manos tendidas sobre los fieles y el emperador. El resto de los espacios estaba ocupado por las imágenes de los apóstoles, mártires profetas y patriarcas.

– Relicario que contenía un fragmento de la piedra del Santo Sepulcro – siglo XI. Museo del Louvre

Dependiendo del calendario litúrgico, las reliquias eran trasladadas temporalmente a Santa Sofía, en el palacio Blacherne7 o a otras partes del palacio real y/o llevadas en procesión. En estas ocasiones eran colocadas en valiosos relicarios que el emperador mismo portaba en mano. También podían ser llevadas en las campañas militares, como posiblemente en el caso de la estauroteca de Limburg. En estos casos los Cubicularios (ayudas de cámara) precedían al emperador y llevaban la estauroteca colgada del cuello. Seguían unos portadores normales que enarbolaban una cruz procesional que contenía un pequeño fragmento de la Vera Cruz.

Hoy en día el único relicario que se conserva de la iglesia del Faro está expuesto en el museo del Louvre. Se trata de un estuche de plata dorada del siglo XI, hecho expresamente para albergar un fragmento de la piedra del Santo Sepulcro. En la parte frontal presenta las mujeres que llevan los ungüentos al Sepulcro, cuya puerta encuentran abierta con la presencia de un ángel que les muestra el sepulcro vacío. En el reverso, una tapa deslizante decorada con una cruz y varias inscripciones.

Todas las reliquias presentes en la Capilla del Faro se mostraban a los fieles, menos el Mandylion, que permanecía siempre encerrado dentro de su estuche.

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1.- Para saber más sobre el Mandylion y el Keramion remito a la lectura del artículo “Las santas imágenes aquerópitas: el Mandylion de Edesa, el arquetipo de todas las aquerópitas”.

2.- Significa “guardián de los vasos”, y es un oficio eclesiástico de la Iglesia ortodoxa oriental. Normalmente desempeñado por un sacerdote, el oficio del skeuophylax está dedicado al cuidado de los vasos sagrados y de los enseres de una iglesia o de un monasterio.  

3 – Holger A. Klein, Sacred Relics and Imperial Ceremonies at the Great Palace of Constantinople, en F.A. Bauer (coordinado por), BYZAS, n. 5, 2006, pp. 79–99.

4.- Para profundizar más sobre este argumento aconsejo la lectura del artículo “La Corona de Espinas y la Sainte Chapelle“

5.-  Alexei Lidov. A Byzantine Jerusalem. The Imperial Pharos Chapel as the Holy Sepulchre. En: Hoffmann, Annette ; Wolf, Gerhard (Hrsgg.): Jerusalem as narrative space – Erzählraum Jerusalem, Leiden-Boston 2012, S. 63-103 (Visualising the Middle Ages ; 6)

6.- Para saber más remito al artículo ‘Los Soberanos coleccionistas de Reliquias’

7.- Palacio real al que se trasladó la corte bizantina, a partir de Alejo I Comneno (1081-1118), menos grande, menos costoso y más seguro que el Bukouleon. Este último permaneció como sede de representación y para la celebración de grandes ceremonias. Empezó su proceso progresivo de ruina a partir de la Cuarta Cruzada de 1204 y fue definitivamente abandonado después de la toma de Constantinopla por parte de Mehmed II en 1453.

Las cabezas de Santiago el Mayor y  Santiago en Menor; pero ¡qué confusión!

26 domenica Nov 2023

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español

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Alfeo, Ananos, Diego Gelmírez, Fernando Serrulla, Herodes Agripa, Mauricio Burdino, Melisenda, Museo Diocesano de Ancona, reliquias, Santiago de Compostela, Santiago el Mayor, Santiago el menor, Santiago Jerusalén, Zebedeo

Le teste di San Giacomo il Maggiore e di San Giacomo il Minore: ma che confusione!! Puoi leggere qesut’articolo in italiano cliccando qui

Imagen de la izquierda: Martirio de Santiago el Mayor. F. Zurbarán (1598-1664) – Museo del Prado, Madrid — Imagen de la derecha: Martirio de Santiago el Menor. P. Orrente (1580-1645) – Museu Belles Arts, Valencia

Santiago de Zebedeo y Santiago de Alfeo son dos de los doce apóstoles. El primero, Santiago, hijo de Zebedeo y hermano de Juan Evangelista, fue el primero de los apóstoles en ser martirizado. Según la tradición, predicó en la península ibérica pero en el 44 d.C. volvió a Jerusalén, donde fue apresado y decapitado por orden de Herodes Agripa. Su cuerpo, incluida su cabeza, fue sepultado probablemente en algún lugar cercano. La tradición occidental dice que fue exhumado por sus discípulos y que éstos lo pusieron en una barca que, sin timón ni vela, tan solo gracias a la intervención divina, llegó hasta la costa atlántica del norte de la península ibérica, lo que hoy en día es Galicia, en un lugar cercano al que después de unos ocho siglos fue hallado, junto con los cuerpos de sus dos discípulos. Este hallazgo milagroso volvió a encender la devoción por el apóstol en tierra hispánica, o tal vez la creó, fundando un lugar a él dedicado en el campo donde aparecieron las estrellas que indicaban la presencia de las reliquias (el campus stellae) que a partir de ese momento pasó a llamarse Santiago (en honor al santo) de Compostela.

Este lugar, desde el final del primer milenio, se convirtió, y continúa siendo, una de las metas de peregrinaje más importantes del mundo, como es sabido por todos. Y para distinguirlo del otro Santiago (de Alfeo o el Menor), este apóstol es conocido como Santiago el Mayor1.

El segundo Santiago (el Menor), hijo de Alfeo era también llamado ‘el hermano del Señor’ porque probablemente fuera su primo, o un familiar. Conocido también como el ‘Justo’, tomó las riendas de la Iglesia de Jerusalén porque Pedro, Santiago el Mayor y Pablo estaban por el mundo anunciando la buena noticia. Su martirio tuvo lugar en el séptimo año del emperador Nerón, por lo tanto alrededor del 61-62, por orden del sumo sacerdote Ananos el Joven. Santiago fue invitado por los jefes judíos a subir al pináculo del templo para hacer un discurso al pueblo con el fin de hacerle desistir de la fe en Jesús. Pero su discurso fue bien distinto, atrayendo así las iras de los Judíos que lo empujaron, haciéndolo así precipitar del templo. Pero como el apóstol no se murió en la caída, empezaron a lapidarlo para ser luego golpeado con una maza de lavandero. Tras su martirio fue sepultado por los fieles cerca del templo. En el siglo IV sus restos fueron hallados y llevados a una iglesia de nueva construcción en Jerusalén y sucesivamente, en el siglo VI, en otra más, construida por el emperador Justino II, siempre en Jerusalén.

Las reliquias de este apóstol actualmente se encuentran muy diseminadas por el mundo, muchas de las cuales en Roma, en la iglesia de los XII Apóstoles junto con las del apóstol Felipe. Su cabeza estaría actualmente conservada en la catedral de Santiago de Compostela, en un busto relicario2, en la capilla de las reliquias, donde ocupa un lugar preminente, porque la habría traído, sustraída de Jerusalén, el obispo de Braga (actual Portugal) Mauricio Burdino, hacia 1109 y depositada temporalmente, debido a la peligrosidad del camino de vuelta a su patria, en el monasterio de Carrión de los Condes, en tierra castellana. Hacia 1116 Urraca, reina de Castilla y León, se adueñó de ella y la donó a la iglesia de Santiago de Compostela, en aquél momento regida por el arzobispo Diego Gelmírez.

Por lo tanto en Santiago de Compostela estarían: el cuerpo entero de Santiago el Mayor (aunque partes de su cuerpo están en muchos lugares del orbe cristiano) y la cabeza de Santiago el Menor. Pero no es tan sencillo.

Estatua de Santiago el Mayor que preside el altar mayor de la catedral de Santiago de Compostela

La Historia Compostelana3, una crónica del siglo XII, presenta dos diferentes versiones del traslado de las reliquias de Santiago el Mayor. La primera, la translatio de Mauricio, indica cómo el cráneo de Santiago, pero el Mayor, no el Menor, habría sido sustraído por el obispo Mauricio en Jerusalén durante una peregrinación, habiendo después entrado en posesión del arzobispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez. La segunda versión, que prevalecerá sobre la primera a partir de cuando empieza a crecer el prestigio de la sede compostelana, y que es la actualmente ‘oficial’, sostiene la llegada a Compostela del cuerpo entero de Santiago el Mayor, como ya explicado, haciendo por consiguiente pasar, a partir del siglo XIV en adelante, la cabeza de éste por la de Santiago el Menor.

Capilla de las reliquias de la catedral de Santiago de Compostela. Abajo, en primer plano, el relicario que contiene la cabeza de Santiago el Menor
Relicario que contiene la cabeza de Santiago el Menor. Capilla de las reliquias de la catedral de Santiago de Compostela

Últimamente se han dado a conocer los resultados de un estudio4 realizado sobre el cráneo de Santiago el Menor (desde hace tiempo hecho añicos) conservado en la catedral de Santiago de Compostela, por el antropólogo Fernando Serrulla, comisionado hace unos treinta años por la catedral compostelana y por el gobierno de Galicia. Según este estudio, el cráneo de Santiago el Menor presenta traumas compatibles con el martirio que, según las escrituras, habría padecido Santiago el Mayor (fue decapitado) no evidenciándose lesiones como las que habrían provocado la muerte de este individuo si hubiera padecido el martirio de Santiago el Menor, es decir un trauma craneoencefálico provocado por los golpes de un objeto contundente. Sin embargo presenta señales de decapitación provocados por un instrumento similar a una espada. La lesión frontal se produjo antes de la parietal, tratándose probablemente de un caso de ejecución por la así llamada muerte de los tres golpes, que consistía, en la época romana, en asestar un golpe lateral con un arma corta y contundente que aturdía, después un segundo golpe con la víctima ya en el suelo y un tercer golpe que aseguraba la muerte seccionando el cuello, aunque evidencias de este tercer golpe no se aprecian en los restos. Sin embargo, ningún estudio ha sido realizado sobre los restos de Santiago en Mayor, sobre todo después de 1884, es decir desde cuando el papa León XIII, con la bula Deus Omnipotens confirmó la autenticidad de los restos de Santiago el Mayor en Compostela, a pesar de las numerosas dudas que existen sobre la autenticidad de estos restos, sobre todo en ámbito científico.

Iglesia de Santiago, barrio armenio, Jerusalén. Capilla en la que, bajo el altar, se conserva el cráneo de Santiago el Mayor

Al margen de todas estas historias y/o tradiciones, hay otra, la que une a los dos apóstoles con la iglesia de Santiago en el barrio armenio de Jerusalén, en la ciudad vieja. Fuentes escritas a partir del siglo XII confirman la veneración en este templo de los restos de Santiago el Menor y de la cabeza de Santiago el Mayor. Esta última habría llegado a ese lugar desde Jaffa, desde donde el cuerpo sin cabeza del apóstol habría zarpado llegando milagrosamente a Compostela. La veneración armenia de Santiago empezaría durante el reino de la reina Melisenda (1143-1152), viuda de Folco de Anjou e hija de Baldovino, rey de Jerusalén, y de Morfia de Militene, princesa de origen armenio, quien habría mandado ampliar la iglesia jerosolimitana de Santiago el Menor, creada sobre la casa del apóstol, y que contiene una capilla dedicada al Mayor. Según la tradición armenia, la cabeza de Santiago el Mayor, una vez decapitado, fue llevada por un ángel a Santiago el Menor, aún vivo, quien la inhumó en el terreno donde habría estado su casa.

Por lo tanto, tenemos en una misma iglesia los restos de Santiago el Menor (no sé cuántos porque en el mundo hay muchas, sobre todo en Roma) y la cabeza de Santiago el Mayor. Es decir exactamente el contrario que lo que supuestamente tenemos en Santiago de Compostela. Pero la devoción principal de la comunidad armenia es por Santiago el Menor, aunque la veneración por la cabeza de Santiago el Mayor todavía goza de mucha devoción por parte de la iglesia latina de Jerusalén, por ejemplo de la comunidad franciscana.

https://cmcterrasanta-eu.s3.amazonaws.com/2020/7517b19b-8522-40d1-bd4b-c6d1fa268313.m4v

Y ya, para decirlo todo, existe también otro cráneo atribuido a Santiago el Menor en Ancona (Italia), presente desde la Edad media, y hoy conservado en el museo diocesano anexo a la catedral de San Ciriaco. Esta reliquia sería compatible con las conservadas en la iglesia de los Santos Apóstoles de Roma…

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1.-  Para saber más sobre el Camino de Santiago y las reliquias del apóstol, remito a la lectura de mis trabajos:  El ‘Camino de Santiago: la peregrinación de moda’ y ‘Legati a una reliquia: Un viaggio alla scoperta di sette reliquie che hanno cambiato la storia’

2.- Busto relicario de 1322, realizado en plata dorada con esmaltes y gemas.

3.- Publicada por primera vez en 1765 por Enrique Flórez, en la obra ‘España Sagrada’

4.- F. Serrulla. A Forensic Anthropological Study of Human Remains Attributed to the Apostle James Alphaeus, en Forensic Antrhropology, University of Florida. Sept. 10, 2021.

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Tras las huellas de los apóstoles: las reliquias de San Juan Evangelista

24 domenica Set 2023

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español

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Apocalipsis, Ayusuluk, Éfeso, Benedetto Adam Borgognone, Cristodulo, Domiciano, Gruta del Apocalipsis, Hechos de Juan, Lazzaro Baldi, Nerva, Patmos, Procoro, reliquias, San Juan de Letrán, San Juan en Óleo, San Juan en Puerta Latina, San Juan Evangelista, Tabula Magna Lateranensis

Sulle orme degli apostoli; le reliquie di San Giovanni Evangelista. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

San Juan Evangelista en Patmos. El Bosco (1450-1516). Gemäldegalerie, Berlín

Tenía unos 10 años menos que Jesús y era el más joven pero también llegaría a ser el más longevo de los apóstoles. Nació en Betsaida a orillas del lago Tiberíades, en el seno de una familia de pescadores bastante acomodada. Era hijo de Zebedeo y de Salomé (probablemente prima de la Virgen) y hermano de Santiago el Mayor. Juan, ‘el discípulo a quien Jesús amaba’, estuvo siempre presente en los momentos más importantes de su vida, tales como: la transfiguración, con Pedro preparó la Última Cena durante la cual estuvo sentado a la derecha de su maestro, la oración en el Getsemaní, el prendimiento de Jesús, el descubrimiento del sepulcro vacío por parte de María Magdalena, … fue el único de sus discípulos presente bajo la cruz. Tomó la Virgen bajo su cuidado hasta su muerte, habiéndosela encomendado Jesús justo antes de morir.

Según los Hechos de los Apóstoles, es enviado a Samaría, donde ya había predicado Felipe, para consolidar la nueva fe. Ya hacia el 52 deja definitivamente Jerusalén y se dirige a Asia Menor, para dirigir la Iglesia de Éfeso, donde en teoría ya había vivido con María. Su fama llega hasta Roma. Con la llegada al poder de Domiciano (81-96) se produce una persecución contra los cristianos. Aquí la tradición, o la leyenda, es bastante curiosa. Domiciano lo manda arrestar y llevar a su presencia. Antes que nada ordena que le corten el pelo, para humillarlo. Como tenía una gran fama de taumaturgo, le obliga a beber de un cáliz con un potentísimo veneno, pero que no tiene ningún efecto sobre el apóstol. Este mismo veneno se lo hacen beber inmediatamente después a otro condenado, quien muere instantáneamente. Por si fuera poco, Juan lo resucita. A continuación, cerca de Puerta Latina, lo meten dentro de una caldera con aceite hirviendo, de la que sale ileso. Este episodio lo describen sobre todo Tertuliano1 y San Jerónimo2, además de los Hechos de Juan. Domiciano, estupefacto, en vez de condenarlo a muerte, ordena su exilio a Patmos.

El lugar, Puerta Latina, había sido escogido porque cerca de esa puerta había un templete dedicado a Diana, diosa a la que Juan, en Éfeso (donde surgía uno de los más grandes templos del mundo dedicado a esta divinidad, una de las siete maravillas del mundo) había despreciado, según puede leerse en el apócrifo de los Hechos de Juan3.

C.B. Piazza lo describe de esta manera:

“…como muestra de vilipendio le rasuraron la cabeza, según el uso de entonces para atormentar a los magos, y que en la pena del aceite hirviendo dada al santo, para que muriera, estuvo presente el senado con el cónsul, y todo el pueblo romano. Fue en los tiempos de Domiciano y este martirio es relatado por Tertuliano con las palabras: ‘El apóstol Juan, después de haber sido metido en aceite hirviendo, y no habiendo nada padecido, fue relegado a una isla’. También San Jerónimo cuenta este hecho…”4

Templete de San Giovanni in Oleo

A pocos metros de la iglesia de San Juan en Puerta Latina, casi pegado a la misma puerta, un templete octogonal indica el lugar exacto del martirio. Y no por casualidad se llama San Juan en Óleo (San Giovanni in Oleo). Este templete ya existía en el siglo V cuando se construyó la cercana iglesia de San Juan en Puerta Latina, pero no sabemos cuál sería su estructura original. Fue vuelto a edificar  por Benedetto Adam Borgognone en 1509, sobre un proyecto de Bramante y Antonio da Sangallo. Posteriormente, en 1658 fue transformado por Borromini y enriquecido con pinturas de Lazzaro Baldi que representan el martirio del apóstol. En su interior encontramos una inscripción, como recuerdo imperecedero:

Placa que describe el martirio de San Juan en Roma. San Giovanni in Oleo, interior

Martirii calicem  bibii hic Atleta Joannes / Principii Verbum cernere qui meruit /Verberat hic fuste proconsul, forfice tondet / Quem fervens oleum ledere non valuit /Conditur hic oleum, dolium, cruor, atque capilli /  Quae consecraviurt inclita Roma tibi

(“Aquí bebió el cáliz del martirio el campeón de la fe Juan, el que mereció discernir el Verbo del principio, aquí por voluntad del Procónsul fue azotado con el bastón y tonsurado con las tijeras, aquél al que el aceite hirviendo no consiguió lastimar. Aquí se conservaron el aceite, la tinaja, la sangre y el cabello, cuyas cosas la famosa ciudad de Roma te ha consagrado”).

San Juan es introducido en el aceite hirviendo. L. Baldi (1624-1703). San Giovanni in Oleo

En lo que concierne a sus reliquias, según un párrafo de un texto de Totti, en Roma se conservan: el cáliz en el cual le dieron el veneno y no fue lastimado, cadena con la que fue conducido atado a Roma, tijeras que utilizaron para rasurarlo y una camisa de lino. Todas éstas se encuentran en San Juan de Letrán. Caldera, en la que lo metieron con aceite hirviendo, parte del mismo aceite, cabello y sangre, están conservados en el altar de la capilla delante de Puerta Latina. Parte de su vestimenta en Santa María in Campitelli, San Juan de Letrán y en otras iglesias. El maná que habría supurado su sepulcro en Santa María en Traspontina fue repartido entre San Salvador delle Coppelle, Santa María la Mayor, Santa María in Campitelli, San Pedro en Vaticano u otras iglesias.5

Del sepulcro hablaremos más adelante. De todas estas reliquias, que se encontrarían en la Roma del siglo XVIII, época de la publicación del citato texto de Totti, ahora solo se conserva una arqueta que contendría partes de su túnica, expuesta en el Tesoro de la Basílica de San Juan de Letrán. Juan Diácono (siglo X) dice que San Gregorio Magno la obtuvo y que fue custodiada junto con otra túnica, también atribuida al santo, y también milagrosa ‘sub altaris Sancti Joannis in Basilica Costantiniana’. De las tijeras tenemos conocimiento por la ‘Tabula Magna Lateranensis’6 como también de la cadena con la que fue atado y traído desde Éfeso.

Arqueta que contendría partes de la túnica de San Juan Evangelista. Tesoro de la Basílica de San Juan de Letrán

Como decíamos, San Juan vivió su destierro en Patmos (una de las islas del Dodecaneso), no lejos de Éfeso, donde empezó a escribir el Apocalipsis. Cuando la isla fue incorporada al Imperio Romano sirvió, como otras islas de Egeo, como lugar de exilio para los prisioneros políticos. Después de la muerte de Domiciano sube al trono Nerva (96-98), tolerante con los cristianos, por lo que Juan, hacia el 98, es liberado y vuelve a Éfeso donde, según la tradición, escribe el Evangelio ayudado por sus discípulos. En esta misma ciudad muere, con unos 100 años de edad, durante el imperio de Adriano.

En el siglo VI Justiniano manda edificar una basílica en el lugar de la pequeña iglesia construida en el siglo IV sobre el sepulcro del apóstol en Ayusuluk, muy cerca de la antigua Éfeso. Esta basílica sería sucesivamente transformada en mezquita por los musulmanes y en el siglo XV destruida por las tropas de Tamerlán. En el siglo XIX se iniciaron las excavaciones que, en varias veces, sacaron a la luz partes de la basílica, mosaicos y también el que es considerado como el sepulcro del apóstol, del cual no queda prácticamente nada. En este sarcófago había tres agujeros de donde salía un polvo blanco, que los habitantes de la zona llamaban ‘maná’. Este fenómeno se verificaba todos los años en cuanto se iniciaba la oración a la víspera de la fiesta de San Juan y, según aseguraban, era una sustancia con poderes taumatúrgicos, casi milagrosos. ¿Será este el maná del que habla Totti, que llegó hasta Roma?

Gruta del Apocalipsis, Patmos
Gruta del Apocalipsis, Patmos. Detalle

Pero éste ya no es actualmente un lugar de muchas peregrinaciones como sin embargo lo es la ‘Gruta del Apocalipsis’ en Patmos, situada entre las aldeas de Skala y Chora. Es una gruta de unos 7 metros x 6 a la que se accede subiendo 43 empinados escalones. Es considerada como el lugar donde vivió el apóstol durante su exilio. En 1999 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, junto con el cercano Monasterio de San Juan. Según la tradición, en el interior de la gruta, cerca de la bóveda, aprovechando una grieta en la roca, a través de tres hendiduras más pequeñas, Dios habría revelado a Juan el Apocalipsis (esta palabra en griego significa ‘revelación’) que Juan, a su vez, dictó a su discípulo. En el siglo XI la gruta fue transformada en lugar de culto por el Beato Cristodulo, fundador también del monasterio de San Juan, y desde entonces millares de fieles de todas las partes del mundo vienen a visitarla.

En cuanto se entra en la gruta se ve al fondo un iconostasio con diferentes iconos, entre los cuales la de la revelación del Apocalipsis, la de San Cristodulo, de la Virgen con los apóstoles y la de San Juan con su discípulo Procoro en el acto de escribir. A la derecha una reja protege el lugar donde, según la tradición, el apóstol descansaba. Una aureola de plata evidencia el lugar donde Juan apoyaba la cabeza y la pequeña cavidad con el marco de plata sería donde él ponía la mano para levantarse. Un saliente en la pared rocosa, a modo de un atril, donde en la actualidad está situado un Evangelio, sería el lugar donde el discípulo escribió el Apocalipsis.

Juan fue el único de los apóstoles que no murió martirizado sino de vejez. En el apócrifo ‘Los Hechos de Juan’ la modalidad de su muerte cambia según las diferentes versiones: 1) envuelto de una luz cegadora y desde su tumba sale el maná, como comentado antes; 2) muere diciendo ‘La paz esté con vosotros hermanos’; 3) a la mañana siguiente de su muerte los discípulos encuentran solo sus sandalias habiendo el cuerpo desaparecido. Esto hizo pensar, durante un cierto período de tiempo, que Juan hubiese sido asunto en cielo, como demuestran algunas famosas obras de arte. Pero esta hipótesis no fue sucesivamente reconocida y aceptada por la tradición cristiana.

Asunción de San Juan (1310). Giotto. Capilla Peruzzi, Basílica de Santa Cruz, Florencia

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 1.- La prescripción contra los herejes,  cap. XXXVI, 83-84

2.- Comentario al Evangelio según Mateo, 20, 22

3.- Hechos de Juan, Cap. XXIII

4.- Piazza, Carlo Bartolomeo. Eorterologio, ovvero le Sacre stazioni Romane e feste mobili. Roma, 1858.

5.- Totti, Pompilio. Ristretto delle grandezze di Roma. Roma 1637

6.- Para saber más sobre la ‘Tabula Magna Lateranensis’ consulta este artículo

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La piedra de la ‘descensión’

13 giovedì Lug 2023

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Capilla de la descensión, Catedral de Toledo, De perpetua Virginitate Beatae Marie, Felipe Bigarny, Piedra de la descensión, reliquias, San Ildefonso, Toledo

La pietra della discesa. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

La magnífica catedral de Toledo, no sólo es importante por el complejo arquitectónico en sí, sino también por la gran cantidad de obras de arte que atesora. Por este motivo, no es de extrañar que otras ‘curiosidades’ puedan pasar completamente inadvertidas al visitante ocasional.

Me refiero a una piedra, llamada ‘Piedra de la descensión’, encerrada en una pequeña capilla situada junto al segundo pilar, entre las dos naves menores de la izquierda. Esta piedra recuerda el descenso de la Virgen María para la imposición de la casulla obispal al obispo de Toledo Ildefonso, posteriormente San Ildefonso. Y como testimonio de este evento, sobre la piedra habrían quedado grabadas las huellas de la Virgen.

La capilla en cuestión, llamada ‘Capilla de la descensión’, fue mandada construir por el rey Enrique II (siglo XIV) y estaría ubicada en el lugar preciso del milagro, que tuvo lugar en el 665. En esa época, este lugar estaba ocupado por el altar mayor de la basílica visigótica, consagrada por el rey Recaredo en el 587 que, con la invasión árabe, en el siglo VIII, fue sustituida por una mezquita, la gran mezquita de Toledo. Pero los árabes, cuando construyeron la mezquita, respetaron la piedra porque comprendieron que se trataba de un lugar sagrado ligado a la Virgen María, respetada en el Corán por ser la madre de Jesús. La mezquita, a su vez, dio paso a la actual catedral, después de la reconquista cristiana de 1085 por parte del rey Alfonso VI, pasando Toledo a formar parte del reino de Castilla.

– Capilla de la Descensión
– Grupo escultórico en alabastro de Felipe Bigarny (siglo XVI) que representa la imposición de la casulla a San Ildefonso por parte de la Virgen María. Altar de la Capilla de la Descensión.

La capilla es una estructura de tipo piramidal de tres cuerpos y el aspecto actual es el resultado de diferentes reestructuraciones llevadas a cabo durante el siglo XVI. Sobre el altar encontramos un grupo de esculturas en alabastro, obra de Felipe Bigarny, que muestran el evento. Alrededor de la escena principal se encuentran los cuatro padres de la Iglesia occidental, la ascensión de la Virgen y algunas escenas de su vida. Adosada a la verja que se encuentra a la derecha del altar y que rodea la misma capilla, encerrada en una urna de jaspe rojo, que recuerda a un buzón de correo, se encuentra la piedra, blanca, visible a través de una pequeña rejilla de hierro donde los fieles introducen un dedo para tocarla.

– Custodia de jaspe que alberga la Piedra de la Descensión, visible a través de una pequeña rejilla

Un rótulo de cerámica reza:

Cuando la reina del cielo

puso los pies en el suelo

en esta piedra los puso.

De besarla tened uso

para más vuestro consuelo.

Tóquese la piedra, diciendo con toda devoción:

“Veneremos este lugar en que puso sus pies la santísima Virgen”.

– Inscripción en cerámica que recuerda el milagro y la presencia de la piedra

Este ‘prodigio’ ha sido interpretado como un gesto de agradecimiento por parte de la Virgen a San Ildefonso por haber defendido, en varias de sus obras, como ‘De perpetua virginitate Beatae Maria’ su perpetua virginidad, sobre todo de los ataques de los herejes, tanto del pasado como del presente, quienes la negaban.

Ildefonso fue arzobispo de Toledo desde el 657 hasta el 667 y es uno de los padres de la Iglesia. Participó en los Concilios de Toledo de 653 y 655. Unificó la liturgia en España y escribió numerosas obras de carácter litúrgico y dogmático, particularmente sobre la madre de Dios, como la que hemos citado.

La tradición de la imposición de la casulla por parte de la Virgen a San Ildefonso, transmitida antes de forma oral y sucesivamente puesta por escrito en el siglo VIII, narra cómo al alba del 18 de diciembre de 665 (fiesta de la Anunciación del Angel a María), el arzobispo Ildefonso, acompañado de una procesión de sacerdotes con velas encendidas en la mano, se disponían a entrar en el templo para rezar y alabar al Señor. Una luz cegadora deslumbró a las personas del cortejo quienes, tirando las velas, huyeron asustadas. Sorprendida la gente del lugar por esa repentina huida, se acercaron a la puerta de la iglesia y vieron a Ildefonso, que se había quedado solo, rodeado de coros angelicales. Este se arrodilló delante del altar y vio, sentada en la cátedra episcopal, a la virgen María. Después de unos instantes de incertidumbre y estupor, Ildefonso se acercó a la Señora quien, agradecida, le dijo:

«Tú eres mi capellán y notario fiel. Recibe esta casulla que mi Hijo te manda desde su tesorería.»

Después de decir esto, la Virgen misma lo habría vestido, dándole instrucciones de usarla solamente en los días festivos en su honor.

Acto seguido, desapareció la Señora de la vista de Ildefonso, juntamente con las vírgenes que la acompañaban y la luz resplandeciente que había llenado el templo.

– Tímpano de la ‘Puerta del Perdón’, puerta principal de acceso a la catedral de Toledo
– Detalle del fresco de la bóveda de la sacristía de la catedral de Toledo. Lucas Jordán (siglo XVIII). En la imagen vemos a la Virgen con la casulla que va a imponer a San Ildefonso, arrodillado a la derecha de la imagen
– Detalle de los frescos de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo. Juan de Borgoña (1510 aprox.). A la izquierda, escena de la imposición de la casulla a San Ildefonso

La escena de la imposición de la casulla a San Ildefonso está representada muchas veces en el complejo catedralicio. Podríamos decir que no hay lugar en el que no esté, entre los cuales el tímpano de la puerta principal de la misma catedral, en la sala capitular –con un fresco de Juan de Borgoña-, en la parte superior del ‘Transparente’, en el  -deambulatorio-, en la capilla de San Ildefonso, en la sacristía –con un fresco de Lucas Jordán y una escultura de El Greco, y otros lugares más. Pero esto no es todo. Toda la ciudad nos habla de este evento: está representado en la ‘Puerta del Sol’, que se abre en la muralla de la ciudad, o en la fachada y en el interior dela iglesia de los Jesuitas, por citar solo algunos lugares.

-‘Puerta del Sol’. En la parte superior del arco un medallón representa la escena de la imposición de la casulla por parte de la Virgen María a San Ildefonso
– Detalle del medallón

Sabemos que algunas piedras han sido objeto de particular devoción, y alguna continúan siéndolo, como por ejemplo la piedra negra de La Meca. Nuestra piedra en cuestión parece haber sido una antigua ara romana o incluso prerromana. Si esta teoría fuera correcta, nos hallaríamos frente a un lugar de culto muy antiguo, además del hecho de encontrar otro ejemplo más de un culto ancestral a determinadas pietras. Cuando el imperio romano se convirtió al cristianismo, los obispos intentaron desarraigar los cultos que tenían que ver con las piedras y las grutas sagradas. Sin embargo, aún siglos más tarde, este culto se seguía manteniendo. En España, en el 681 y 682 los Concilios de Toledo excomulgaron a los ‘veneratores lapidum’ (adoradores de las piedras), con escaso éxito. Por lo tanto la Iglesia tuvo que aceptar un cierto sincretismo, cristianizando algunas representaciones paganas como la de la Diosa Madre, adaptándolas a la nueva religión. La Diosa Madre, que a menudo se la representaba situada sobre una piedra sagrada, se convertía en una Virgen negra. Muchas grutas sagradas y otros lugares emblemáticos se convirtieron en iglesias y ermitas dedicadas a Nuestra Señora.

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Para saber más:

Fernández Collado, A. La descensión de la Virgen María a la catedral de Toledo. Significado y expresión artística. Real Academia de Toledo 2014, Toletum 0053

Relicarios fantásticos: el Jarrón de San Martín

12 venerdì Mag 2023

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Jarrón de San Martín, Legión Tebana, obispo Euquerio, Octodurus, orfebrería merovingia, Relicarios, reliquias, San Martín de Tours, San Mauricio, San Mauricio de Agaune, Segismundo de Burgundia

Reliquiari fantastici: il Vaso di San Martino         Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

Esta magnífica obra en ágata sardónica se encuentra en Suiza, en la abadía territorial de San Mauricio de Agaune, en el cantón vallés. De factura romana, y fechado alrededor del 20 a.C., fue enriquecido en época merovingia (siglos V-VII) con adornos en oro, esmaltes y piedras preciosas.

La abadía se encuentra en el lugar donde fue martirizado San Mauricio y la Legión Tebana en el siglo III, y fue fundada por el príncipe Segismundo de Burgundia en el 515 sobre un primer santuario dedicado a San Mauricio y a los legionarios, mandado construir a finales del siglo IV por Teodulo, obispo de Octoduros (localidad cercana a Agaune) en el lugar donde, según la tradición, habrían sido encontradas las reliquias de los mártires.

Abadía de San Mauricio de Agaune, San Mauricio, Suiza

La Legión Tebana estaba formada por soldados cristiano-coptos guiada por Mauricio, operaba en Mesopotamia y fue sucesivamente enviada a Europa Central para prestar asistencia militar a Maximiano en la defensa contra los bárbaros Cuados y Marcomanos con el objetivo de someter a las poblaciones locales. La campaña fue un éxito. Sin embargo, cuando Maximiano ordenó el exterminio de algunas poblaciones locales convertidas al cristianismo los soldados tebanos se negaron. Este rechazo, según el obispo de Lión Euquerio (464-450 aprox.), fue castigado con la decapitación de toda la legión, más de 6.000 soldados. También existen otras versiones, como por ejemplo que la legión tebana fue martirizada solo cuando se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses paganos de Roma. Sin embargo, la veracidad de este martirio no es muy demostrable; probablemente  la historia fue ‘inventada’ a finales del siglo IV, para convencer a los soldados romanos a convertirse al cristianismo. No obstante, se afianzó y tuvo mucho éxito para atraer a los peregrinos a la abadía.

Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana. El Greco (1580-82). Monasterio del Escorial (Madrid, España)

Otra leyenda, ésta ligada al jarrón, y que empezó a propagarse entre los siglos XII y XIV, narra que San Martín de Tours (316-397) habría visitado la abadía para rendir honores al lugar en el que había sido esparcida la sangre de San Mauricio y su legión. San Martín pidió a los monjes una reliquia de San Mauricio, pero éstos se la negaron. Pese a esta negativa, San Martín clavó un cuchillo en el lugar donde fueron martirizados los mártires tebanos y, de forma milagrosa, brotó una gran cantidad de sangre. Esta sangre fue recogida en dos ampollas. Para hacer la historia aún más fantástica, la leyenda cuenta que, como no paraba de brotar, un ángel bajó del cielo y ofreció al santo un precioso recipiente en la que recogerla, indicando que tendría que dejarlo en la iglesia donde reposan los restos de los mártires. San Martín así lo hizo, dejó el jarrón con la sangre y el cuchillo. Volvió a la Galia y donó las ampollas de la sangre una a la catedral de Tours y otra a la de Angers. Lo cierto es que ni Suplicio Severo, biógrafo y discípulo de San Martín, ni Gregorio, obispo de Tours y sucesor de San Martín, hablan de esta visita del santo a la abadía de San Mauricio.

El primer testimonio de este supuesto viaje es una carta enviada por el rector de la catedral de Tours al arzobispo de Colonia, 1180 aproximadamente, en la cual confirma la veracidad del milagro del hallazgo de la sangre. En realidad la historia fue creada por la abadía de San Mauricio por el abad Rodolfo (1153-1169) en un momento en el que esta institución necesitaba ayuda para su reconstrucción después de las incursiones de los bárbaros que la habían destruido en parte. El abad Rodolfo y la comunidad de Agaune fueron en delegación a Tours para pedir dicha ayuda. En particular, se dirigieron al rey Luis VII, tratando de convencerlo con el argumento de que su generosidad sería recompensada por los mártires de Agaune. Está claro que la elección de San Martín como actor principal de la leyenda no es casual. San Martín es el patrono de la monarquía francesa y famoso por sus milagros. Además, era un santo militar, al igual que San Mauricio. Pero esta historia no fue plasmada en papel en la abadía de San Mauricio, sino que la pergeñaron los canónigos de Tours, como se ha comentado antes, cuando empezó a ser famosa.

Vamos ahora a nuestro jarrón. Es de ágata sardónica, esculpido y decorado con figuras humanas, trabajadas como si se tratara de un camafeo, y enriquecido con piedras preciosas montadas sobre esmaltes cloisonné y oro. La parte esculpida es de color marrón oscuro, entreverado de rojo-marrón, amarillo, y con capas blancas y grises. El conjunto crea efectos fantásticos. El escultor, con gran maestría, supo realzar la naturaleza de esta piedra y, al igual que en los camafeos, ha reservado las tonalidades claras para la piel de los personajes y las oscuras para la vestimenta.

La montura está formada por un pie cónico en oro, cubierto de gemas y de perlas, de factura merovingia. El cuello del jarrón tiene una montura similar, y todo el borde superior tenía restos de cera que recubría un trozo de pergamino y las tres/cuatro vueltas de cuerda que servían para sellar la ‘tapa’. Ésta era de pergamino y de cera con un sello actualmente ilegible, pero que podría remontarse al siglo XII. Falta el asa, rota en la base de la ‘barriga’ del jarrón y en la zona donde se juntaba con el cuello. Originariamente formaba toda una pieza con el objeto. El jarrón llegaría intacto al tesoro de la abadía y la montura podría ser la consecuencia de haberlo convertido en un jarrón sagrado.

Hay varios personajes esculpidos, que forman diferentes escenas de un mismo episodio: algunos han visto el regreso de Ulises a Ítaca; otros Aquiles en Esciros entre las hijas de Licomedes; otros más, un episodio de la guerra de Troya.

La riqueza del objeto sugiere que hubiera podido pertenecer a un alto dignitario, como por ejemplo a un miembro de la familia imperial. Habría sido un aguamanil y su modificación posterior habría sido llevada a cabo en correspondencia con su llegada a la abadía de San Mauricio, tal vez fuese un regalo del mismo príncipe Segismundo, que fue sucesivamente rey, el fundador de la abadía.

La abadía de San Mauricio alberga objetos de inestimable valor, dones recibidos durante los siglos de personajes ilustres. En 2014, en ocasión se du 1500 aniversario, presentó al público un nuevo espacio museal, donde se encuentran el sitio arqueológico y el Tesoro, que expone 40 fantásticas obras, como el Jarrón de San Martín, el aguamanil de Carlomagno o el cofre-relicario de Teodorico.

—-

Para saber más:

É. Aubert, Trésor de l’Abbaye de Saint-Maurice d’Agaune, Paris 1872;             P. A. Mariaux. Objet de trésor et mémoire proejctive: le vase “de saint martin” onques faict par mains d’omme terrien, in Le Moyen Âge 2008/1 (Tome CXIV);         P.A. Mariaux. L’Abbaye de Saint Maurice d’Agaune. Volume 2 – Le trésor, Infolio 2015

Tras las huellas de los apóstoles: las reliquias de San Bartolomé

15 sabato Apr 2023

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español, Reliquie

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Albanopolis, Anastasio I, Astiages, Bénévent-l’Abbaye, Benevento, Dara, Francesco Manno, Maipherqat, Marco d’Agrate, Martirópolis, Maruta, Natanael, reliquias, San Bartolomé, San Bartolomé de la Isla Tiberina, San Paulino de Nola, Sicardo

Sulle orme degli apostoli: le reliquie di San Bartolomeo. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

– Martirio de San Bartolomé (1616). José de Ribera (El Españoleto). Colegiata de Osuna (Sevilla)

Bartolomé se acercó a Jesúcristo a través de Felipe, y con cierto escepticismo. Había nacido en Caná de Galilea en el siglo I y se llamaba Natanael, hijo de Tôlmai, en arameo BarTôlmai (de ahí el nombre Bartolomé). Según la tradición transmitida por Eusebio de Cesarea1, Bartolomé fue a predicar a la India y Armenia, probablemente junto a Judas Tadeo, con quien fundaría la Iglesia cristiana. En Armenia convirtió al hermano del rey Astiages. Éste, instigado por los sacerdotes de los templos paganos, ordenó a Bartolomé adorar a los ídolos y, frente a la desobediencia del apóstol, lo mandó desollar vivo para después cortarle la cabeza. Aunque ésta no es la única versión de su martirio, sin duda es la más famosa. El lugar del martirio sería Albanópolis, en la costa occidental del Mar Caspio, y la fecha alrededor del 60-68.

Sus reliquias hicieron un largo viaje con varias etapas. En 410 el obispo de Maruta las transportó a Maipherqat, en Mesopotamia (actual Tikrit en Iraq) que fue también llamada Martirópolis por el gran número de reliquias que ese obispo acabó llevando a esa ciudad. Luego en el 507 el emperador Anastasio I las llevó a Dara, siempre en Mesopotamia, y en el 580 llegaron, flotando milagrosamente, a Lípari (isla al norte de Sicilia), después de una breve estancia en Frigia. Después de las incursiones de los árabes en el siglo IX, las reliquias fueron llevadas, en el año 838, a Benevento, donde llegaron a manos del príncipe longobardo Sicardo. Según el Martirologio Romano2, desde el final del siglo X se encuentran en Roma. Las habría conseguido el emperador Otón III de Sajonia de la ciudad de Benevento, y las llevó a la iglesia de San Bartolomé de la Isla Tiberina, iglesia que él mismo mandó construir en el 998 sobre un templo dedicado a Esculapio, que en su día era visitado por muchos peregrinos en busca de curación, para custodiar las reliquias de San Adalberto, obispo de Praga, martirizado en 997.

-Bañera de pórfido en la que estarían depositadas las reliquias de San Bartolomé. Iglesia de San Bartolomé de la Isla Tiberina, Roma

Las reliquias de San Bartolomé están actualmente depositadas bajo el altar mayor, en una bañera romana de pórfido rojo del siglo I-II, donde un rótulo recita “CORPUS SANCTI BARTHOLOMAEI APOSTOLI”.  En la iglesia se pueden admirar varios frescos de Francesco Manno (1806) dedicados al santo, entre los cuales el de su martirio, en el ábside central. En el muro lateral a la derecha del altar mayor, se expone, protegida por una rejilla, una gran palangana de bronce del siglo X-XI, de origen árabe, que sirvió de tapa del contenedor utilizado para transportar las reliquias del santo desde Benevento.

– Palangana de bronce que sirvió de tapa del contenedor utilizado para trasportar las reliquias de San Bartolomé desde Benevento a Roma. Iglesia de San Bartolomé de la Isla Tiberina, Roma

En la nave central, justo en el medio de las gradas que llevan al altar mayor, hay un magnífico pozo del siglo XI, ya en desuso, de tan solo 80 cm de alto y recabado a partir de los restos de una columna romana. Este pozo habría sido construido en lugar de otro ya existente en el templo de Esculapio, a cuya agua se le presuponía poderes curativos. Entre los cuatro personajes esculpidos en bajorrelieve alrededor del pozo también hallamos a San Bartolomé, representado con un libro y un cuchillo en las manos, como símbolo de su martirio.

– Pozo con la efigie de San Bartolomé. Iglesia de San Bartolomé de la Isla Tiberina, Roma

Este atributo, el cuchillo, lo encontramos en toda la iconografía, a veces acompañado también de su piel, como por ejemplo en el Juicio Universal de Miguel Ángel Buonarroti, en la Capilla Sixtina, donde en primerísimo plano vemos a San Bartolomé con el cuchillo en una mano y su piel en la otra, en la cual el autor ha pintado una suerte de autorretrato… Otra famosa, y porqué no decirlo, un poco espeluznante, representación de San Bartolomé, es la obra de Marco d’Agrate, discípulo de Miguel Ángel, que podemos admirar en el Duomo de Milán. Aquí San Bartolomé está vivo, de pie, desollado y con su piel envuelta alrededor de su cuerpo, en el cual su anatomía queda completamente al descubierto, debido a la falta de piel…

– San Bartolomé sosteniendo su piel. Juicio Universal (detalle), 1536-1541. Miguel Ángel Buonarroti. Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano
– San Bartolomé (1562). Marco D’Agrate. Duomo de Milán

Durante los últimos siglos, en Roma las reliquias de San Bartolomé tuvieron varios cambios de lugar: en 1557 fueron llevadas a San Pedro debido a las inundaciones del Tíber y en el 1798 a Santa María in Trastevere para mantenerlas resguardadas de la ocupación francesa. Más tarde volverían a la iglesia dedicada al santo en la isla Tiberina3.

Pero la aventura de las reliquias de San Bartolomé es más complicada de lo que parece. De hecho, la ciudad de Benevento sostiene desde siempre que las reliquias del apóstol, o por lo menos una parte, están en Benevento, que de ahíí nunca se han movido. Según esta otra versión, a Otón III les fueron dadas otras reliquias, las de San Paulino, obispo de Nola, presentadas al soberano como las del apóstolo. Cuando el emperador se dio cuenta del engaño sitió la ciudad, pero al no conseguir su propósito, se volvió a Roma. San Bartolomé es el patrono de Benevento, ya desde el año en el que llegaron las reliquias a la ciudad, en el 838, y se festeja el 24 de agosto. Un argumento a favor de esta versión es que la presencia de las reliquias de San Paulino en Roma está históricamente probada por las diferentes reconocimientos. En 1919 fueron llevadas a Nola, donde todavía se encuentran.

– Busto de San Bartolomé en plata. Siglo XVIII. Basílica de San Bartolomé, Benevento

En Benevento se hicieron cuatro reconocimientos: en 1338, 1698 (en esta ocasión las reliquias estaban guardadas en 9 ampollas -ocho de las cuales custodiadas en la urna de pórfido y una expuesta a la veneración de los fieles-, en 1990 y en 2001.

En cualquier caso, ya desde el siglo XVIII, bajo el pontificado de Benedicto XIII, se precisa que en Benevento están los huesos (o sólo huesos) del santo y no el cuerpo. Llegados a este punto, no hablamos sólo de Roma o de Benevento, sino también de un largo elenco de lugares donde presuntamente estarían conservadas una o varias reliquias de San Bartolomé. Lípari tiene un brazo y algunos fragmentos de la piel de la cual Pisa robó una parte, que fue posteriormente expuesta en el Duomo. Una parte de un brazo en Carpineto de la Nora (Pescara). En Alemania hay reliquias de San Bartolomé en la catedral de Frankfurt, en el convento de Grafrath, cerca de Colonia y en el monasterio de Lune (Luneberg). En Inglaterra en la catedral de Canterbury. En Francia, en Bénévent-l’Abbaye, un monasterio fundado en 1028 en una localidad llamada Segundelas pero trasladado en 1030 al lugar actual, que se llamó así por la presencia de una reliquia de San Bartolomé traída de Benevento. Pero es muy probable que la lista no acabe aquí.

—-

1.- Historia Eclesiástica, V, 10,3

2.- Martirologio Romano, Vaticano 1964

3.- G. Sicari. Reliquie Insigni e “Corpi Santi” a Roma. Roma 1998

También podrían interesarte:

Las reliquias de San Pedro, de San Pablo, de San Juan Evangelista, de Santiago el Mayor, de Santiago el Menor, de San Tomás, de San Felipe, de San Mateo, de Simón y Judas Tadeo y de San Andrés 

El mercado de las reliquias

11 sabato Feb 2023

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español

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Código de Derecho Canónico, contrabando de reliquias, IV Concilio Lateranense, Mercado de reliquias, reliquias, robo de reliquias

Il mercato delle reliquie. Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

Capilla de las Reliquias – Santiago de Compostela

Desde que Santa Elena, madre de Constantino el Grande, según la tradición halló la cruz de Cristo, en el siglo IV, se ‘puso en marcha’, si queremos utilizar esta expresión, la caza a las reliquias, que muy pronto se convirtieron en algo que todos querían poseer, ricos y pobres, laicos y religiosos, soberanos e instituciones. Las que estaban relacionadas con la vida y muerte de Cristo eran las más buscadas. Esta búsqueda se acentuó de manera particular a partir de las primeras Cruzadas. No era concebible volver de Tierra Santa (cruzados, peregrinos) sin una prueba tangible de la pasión de Cristo. A veces porque eran demandadas por ricos y nobles que pagaban elevadas sumas, pero también por la Iglesia, o bien se traían espontáneamente ‘por recuerdo’ o ‘por devoción’.

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La leyenda de la creación del Mont Saint Michel y otras curiosidades ‘micaélicas’

11 mercoledì Gen 2023

Posted by Nicoletta De Matthaeis in Artículos en español

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Avranches, Belenos, Gargano, Gargantúa, Mont Saint Michel, Mont Tombe, Monte Sant’Angelo, reliquias, Sacra San Michele, San Aubert, San Miguel arcángel, Skellig Michel, St. Michael Mount, Symi, Via Angélica, Via Michelita

La leggenda della creazione del Mont Saint Michel e altre curiosità ‘micaeliche’.  Puoi leggere quest’articolo in italiano cliccando qui

‘Mons Sancti Michaeli in periculo mari’, éste era el nombre originario del santuario, es decir Monte San Miguel en el peligro de la mar, o ‘Mont Saint Michel au péril de la mer’, erigido en honor del más famoso de los arcángeles. De hecho, como es bien sabido, el santuario surge en un islote de la costa septentrional de Francia, al que el agua rodea cuando hay alta marea. El santuario sustituye a un precedente oratorio situado en una gruta en el ‘Mont Tombe’ (‘Tombelaine’, es decir tumba de Belenos), nombre del lugar antes de la construcción del santuario.

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